3.5.10

Otra vez aquí

*justo ahora un emo está más feliz que yo


Yo necesito enamorarme como una desbocada. Pronto. Muy pronto. Por favor.

A medida que pasa el tiempo siento que voy perdiendo la capacidad de soltar las riendas, de cumplir cerebralmente esos procesos que dicen que ocurren cuando te entregas al amor. El esceptisismo me consume, otra vez, y no hay peor cosa que la falta de .

Quiero ver el conejito rosado en la luna. Quiero sonreír como tonta sin ningún motivo. Quiero saltar de emoción cuando mi teléfono suena, tan sólo por la breve esperanza de que sea él. En resumen, quiero que haya un él.

La vida de soltera tiene ventajas indiscutibles, pero en algún punto todos queremos reportarnos al llegar en la madrugada, dejar un post it con un corazón en el bolsillo del otro, y en líneas generales ser una tonta que le habla chiquito a algún tipazo que se deja, y sonríe con ganas al encontrarse con nuestra propia sonrisa.

Extraño sobre todo esa mirada que nos reservan sólo los seres que nos aman, una mirada que junta en un microsegundo la ternura, el deseo y la entrega que necesitamos para sentirnos vivos.

Hace rato que nadie me mira así. Y lo extraño.

Cuando uno es amado se atreve a ser estúpido. Porque no hay juicios.
Se atreve a ser valiente. Porque hay una roca que nos sostiene.
Y se atreve a amar de vuelta. Qué es lo más importante.

Yo he amado, con desenfreno y sin temores. Y es lo único que me asegura que he estado viva.

No quiero más amigos -por ahora-. Tampoco quiero seguir coqueteando con tipos que me hacen el guiño de vuelta, sólo por deporte, sin sentir más.

Ya he estado en camas frías, en las que amanezco sin tener muy claro qué fue lo que me llevó hasta allí. Y me han rodeado brazos que me ofrecían el infinito y más, pero a los que no podía ofrecer lo mismo de vuelta.

He tenido sexo sin amor, y amor sin sexo - que es incluso más cruel y devastador -, y estoy cansada. En serio.

Me cansé de buscar y no hallar. Y también de no buscar, sin que me hallen.

Un miedo paralizante se apodera de mi, cuando pienso que si finalmente llega de nuevo el amor tendré tanto acumulado que nos destruirá a todos.

Son cada vez menos sonrisas, y más silencios.

23.4.10

Hoy es el Día del Libro, así que este es el post más indicado



¿Quieres participar y dejar un libro en la calle para que otro pueda leerlo? Sigue las instrucciones que encontrarás en www.yoleiestelibro-ve.blogspot.com y cuéntanos tu experiencia enviando un correo a: yoleivenezuela@gmail.com (se valen fotos)

12.4.10

Voy sembrando libros por la calle

Esta historia empieza así: Una tarde distraída empecé a jugar mi deporte favorito, saltar de blog en blog hasta encontrar uno que valga el esfuerzo. Quisieron la fortuna (e Internet, todopoderoso) que me encontrara con éste: www.yoleiestelibro.blogspot.com

Un creativo proyecto para promover la lectura originalmente pensado por unos argentinos bien simpáticos (es en serio), y es con mucho orgullo que quiero anunciar que soy la responsable de empezar esta divertida tarea desde Venezuela.

Debemos tener un hijo, sembrar un árbol y escribir un libro. Nosotros decidimos sembrar libros para matar dos pájaros de una pedrada.

Si quieres saber más visita el nuevo blog que administro:



¿Quieres participar y dejar un libro en la calle para que otro pueda leerlo? Sigue las instrucciones que encontrarás en www.yoleiestelibro-ve.blogspot.com y cuéntanos tu experiencia enviando un correo a: yoleivenezuela@gmail.com (se valen fotos)

4.4.10

El poder es afrodisíaco


Me parece increíblemente sexy la idea de afeitar la barba de un hombre.
Total imagen cliché, así, sentada sobre sus piernas usando sólo ropa interior, con el pecho desnudo, el cabello mojado y de espaldas a un gran espejo. Para que él pueda verme desde todos los ángulos mientras se entrega en ese pequeño acto de intimidad en el que me deja a cargo y con mucho poder.
Es una tontería pero se ha vuelto una fantasía recurrente, atada a mi (ya no tan) reciente fetiche con las barbas.
La única vez que pedí hacerlo no me dejaron, y lo había olvidado hasta hace unos días que tuve una conversación divertida sobre fantasías no cumplidas.
Todos los hombres de la sala saltaron de inmediato a decirme loca, y a validar los argumentos de aquel que no me dejó afeitarlo. Parece que es una especie de tabú no establecido y todos me tildaron de psicópata con instintos asesinos. Sigo creyendo que exageran.
Sus razones se van por la lógica, que si una mujer no tiene la técnica necesaria para rasurar las complicadas líneas de un rostro, que si hay que ejercer una presión específica que sólo puede sentir el dueño de la barba, y demás blablabás. Pero para las fantasías no son -necesariamente- lógicas. Sería un oximoron.
Yo sólo les voy a decir que he afeitado zonas mucho más intrincadas o extensas de mi propio cuerpo desde que tengo 14 años. Lo que de verdad tratan de ocultar es que son todos unas jevas incapaces de aceptar que sienten pánico de entregarle la yugular a una mujer decidida y con una hojilla en las manos.
Insisto en que me parece un acto demasiado sexy y visualmente excitante. Quizá es que he visto demasiadas películas. O que no me he encontrado al tipo indicado.

¿Ustedes qué dicen?
¿Le negarían a una coqueta chica en tangas algo tan sencillo y que les va a rendir tanto?

Porque imagino que tienen clarísimo todo lo que sucedería después en ese mismo baño, ¿verdad?

Atrévanse a jugar, chicos. Miren que si no siempre habrá alguien más dispuesto.
Y con mejor barba ;)

27.3.10

Vetusta Morla. Más Madre patria para mi.

Mi amiga @Claudiofeles, a la que no conozco salvo por nuestras divertidas conversaciones en twitter, me presentó a esta banda hace un par de meses y NUNCA podré agradecerle lo suficiente.
Se llaman Vetusta Morla. Españolísimos (como me gustan), melancólicos y con un sonido bien identificado. Una vez que escuchas la voz del cantante reconocerás para siempre a esta banda donde sea que la escuches. Aunque no termino de recordar a quien se me parece.
EN conclusión, estoy pegada.

Vean el video (hasta el final), está bien simpático y original

25.3.10

Sobre los encuentros transitorios


Hoy estuve recordando que hace mucho tiempo que no voy a un hotel.
Un hotel de los que sabemos, no se me hagan los locos.
La cosa es que llega un momento de la vida en el que si no es en su casa es en la mía, porque ya estamos grandes y todo eso. Pero debo admitir que extraño un poco ese proceso en el que decidimos que vamos a ir a un sitio exclusivamente a tener sexo, premeditado y con alevosía.
Al principio, hace ya algún tiempo de eso, me costaba mucho manejar con naturalidad el trayecto y la llegada a un lugar al que todo el mundo sabe a qué vas.
Seguro que para el hombre también representa un reto decidir el momento en el que va a proponer concretamente que te traslades con él a un sitio exclusivamente para a intercambiar fluidos corporales, o "hacer el amor" según sea el caso. Mientras que para la mujer es mucho más sencillo, porque como dice mi madre "el hombre propone y usted dispone", así que sólo queda negarse con diplomacia, lanzarle el trago encima por atrevido, o sonreír con picardía para dar el ansiado "sí quiero (tirar)".
Esas primeras veces se hace eterno el camino que lleva al hotel. Uno no sabe si tiene que asumir el tema con ligereza y preguntar si antes hay que pasar por el farmatodo, como quien comenta que hace calor. O si es mejor hacerse el loco y hablar de la calima mientras se cambia la emisora radial, hasta que hayas cruzado la puerta de la habitación y empieces a arrancar ropas de vestir y desordenar ropas de cama.
Con el paso del tiempo - que tampoco ha sido tanto, no me tomen por precoz- se aprende a equilibrar la conversación, a dominar el arte del coqueteo on-the-road y a pasar una manito por la pierna descuidadamente como para avisar con ese abreboca que lo viene va a estar bueno.
También cuesta acostumbrarse a la dinámica del sitio. Todos ustedes, o casi todos al menos, saben de lo que estoy hablando.
Si es uno de esos lugares en los que pagas en el auto-fuck que está a la entrada sin bajarte del carro, te tienes que calar la cara de fastidio del pobre pana que tiene toda la noche allí viendo desfilar a una cuerda de tirones que van a pasarla del carajo mientras él se cala el frío de la madrugada. O peor, los hay de esos jodedorcitos que te miran de reojo como para ver que es lo que se está comiendo el pana, y lanzan una sonrisita "picarona" cargada de juicio.
Si hay que bajarse del carro y pasar por recepción es peor. Ahí le da chance a la mujercita que atiende el sitio de mirarte de arriba abajo para ver por qué es que alguien ha decidido alquilar un cuarto por 6 horas sólo para verte desnuda.
Una vez salvado el trámite de pago, viene el larguísimo momento que se extiende hasta el primer beso de la jornada. Porque luego de ese primer beso ya no se piensa. Por eso siempre he creído que es mejor que te estés muriendo de ganas, que no puedas esperar a subir en el ascensor o a bajarte del carro para empezar la faena. Mientras más rápido terminen las oportunidades para hablar menos chance hay para que digas algo incómodo o incoherente como "ay! esta cama es más bonita que la del hotel de al lado" (vale acotar que el hotel de al lado no se visitó con el mismo acompañante de éste).
Una sola vez me llevaron a un lugar que aunque se veía muy bien por fuera, estaba decorado en el interior con cuadros de mujeres desnudas que chapoteaban en lagos con delfines. Afortunadamente el acompañante era mi novio formal y querido, así que me quejé con firmeza y nos fuimos del sitio desaprovechando el tiempo ya pagado.
En otra ocasión nos quedamos dormidos pasado el tiempo reglamentario, que suele ser más que suficiente siempre que no estés bajo los efectos de una noche de rumba y caigas desmayado. Y faltó poco para que llegaran los bomberos a destruir la puerta con un hacha.
Maté la curiosidad caraqueña por conocer el Aladín y debo decir que es una de las camas más cómodas en las que he dormido en toda mi vida. Y así como me llevaron al antro de los delfines, también puedo contar que hay quien ha decidido pasar la noche conmigo en un hotel 5 estrellas.
En fin, antes de que me volviera gente grande que tira en su casa o en la del otro, tuve algo de chance para ver y conocer. Obviamente hay muchas historias. Pero me parece que una dama debe guardar algunas cosas para mantener el encanto del misterio.

Eso sí, y en esto soy irreductible: yo nunca, pero nunca, he pagado el hotel.
Primero muerta que sencilla.

21.2.10

A mi (rubia) monstra comegalletas

Quiero que sepas que estoy aquí. Siempre. Tan incondicional como aquella pavosa canción de Luis Miguel.
Quiero que sepas que cuando hago cuentas creo que me he reído contigo más que con cualquiera en los últimos años. Contigo comparto las carcajadas inocentes que aún me quedan, las risotadas infantiles que refrescan el alma y el espíritu, si no es que son lo mismo.
Quiero que sepas que nuestras diferencias me alimentan, como pocas cosas en esta vida. Que nos complementamos, más que Tom Cruise y Renée Zellweger en aquella -también pavosa- película romántica.
Quiero que sepas que cuando cantas, sobre un escenario o en el baño, entiendo lo que es el orgullo materno, ese ufanarse de algo que no es de uno pero como si lo fuera.
Y cuando pataleas insoportablemente con alguno de tus caprichos - como una niña chiquita que pide una galleta- entiendo la paciencia materna, que permite controlar el impulso de asesinar a una pequeña criatura sólo porque es tierna y adorable. Tú sabes que yo soy muy maternal.
Quiero que sepas que te adoro. Que ya no me imagino una historia en la que tú no estés. Así sea a un océano de distancia.
Quiero que sepas que estoy aquí. Para ti. Siempre

10.2.10

De la inutilidad de los prefacios

Yo quiero escribir un libro y luego hacerme la muerta un par de años, sólo para esperar las ediciones de la obra y leer los prólogos de un montón de expertos que nunca me conocieron y que “comentan”, “critican” y “analizan” lo que he escrito.
Luego saldría a burlarme en sus caras a decirles que no, que el personaje de la chica no es “una clara representación de mi relación con mi madre”. Y que aquella metáfora en la que comparo las salchichas con la física cuántica no esconde un “código oculto que espera a la interpretación de mis fetiches y obsesiones”.
La mayoría de los autores debería revelarse y decir NO, PANA, no le busques cuatro patas al gato. Cuando escribí perro quise decir perro. No estaba generando una iconografía referente a los valores de la sociedad de la época. Simplemente pensé en un perro y lo escribí “María tenía un perro”. Punto y final.
Es más, ¿quién inició la costumbre de iniciar una obra con los "comentarios" de otro que no sea el autor? NADIE quiere leer eso. Al menos, nadie que yo conozca.
Por eso nunca leo los prólogos

9.2.10

Prisionera

El nuevo video de Telegrama es como una cachetada de la realidad.

A todos ustedes, ingenuos soñadores, que aún están allá afuera sin caer en las garras del sistema que nos mantiene subyugados por guevones. Conviertan este tema en su himno*:



*en vez de montar un blog para quejarse eternamente y seguir cobrando el 15 y último calladitos la boca, como esta servidora