12.8.11

30 Libros. Día 2. Uno que se haya demorado mucho en leer.

Continúa el reto de los 30 libros.
Recomendamos , según la indicación correspondiente, un libro por día.


Hermosos y malditos. F. Scott Fitzgerald




Algo me pasa con la mayoría de los libros originalmente escritos en otro idioma distinto al español. No sé si es culpa de los rusos que siempre me cayeron de la patada, o de las inglesas que son demasiado cursis para estarlas leyendo siempre, o de los gringos, que siempre fueron trastornaditos y a medida que avanzamos en la contemporaneidad se van poniendo más. Lo cierto es que casi siempre me cuestan los autores que vienen de muy lejos.

Salvo Mark Twain, que podría ser compadre de alguno de los latinomágicos, o Wilde, que me agarró en el momento justo para volarme la tapa de los sesos, yo siempre me he entendido mejor con los mios, así el español sea distinto en cada zona (que no país) de este continente y del otro.

Pero uno pasa la vida oyendo hablar de otros clásicos que HAY que leer, de otra gente que usa más haches y doblevés, y entonces uno pasa un día de largo frente a la góndola de literatura latinoamericana y se compra algo de la literatura de otros lares, como para variar.

Eso fue lo que me pasó con este señor. Antes de que todos supiéramos quien es Benjamin Button, gracias a Brad Pitt, ya muchas veces me habían nombrado El Gran Gatsby, como referencia de obra maestra, aunque nunca nadie me había nombrado este libro.

Una tarde larga, en los pasillos del aeropuerto nacional de Maiquetía, me pasee por un kiosko librería para apertrecharme ante las horas de espera que se me venían encima. Estando casi todo fuera de mi presupuesto, se me cruzó una edición de bolsillo de Hermosos y Malditos, que llamó mi atención por la foto en blanco y negro de la portada, que mostraba una imagen vintage californiana, casi como un afiche de The O.C, pero en blanco y negro y al estilo de los años 20.

El nombre del autor no me dijo nada, debo confesar, pero en la solapa me enteré que era el mismo autor de El Gran Gatsby y me decidí a leer a un gringo, de nuevo, para variar.

El argumento es en principio sencillo, es la historia de un pobre niño rico y atormentado. Bastante típico de la obra de Fitzgerald, lo sé ahora que he leído Wikipedia y que he visto Una noche en París, de Woody Allen.

El problema fue que me dejé engañar por lo feliz que se veía ese grupo de adinerados jóvenes vestidos de época en la orilla de una playa en la portada. Con sus trajes de baño hasta la rodilla y su palidez tan elegante.

Esta gente estaba atormentada, pero en serio, tal como advierte el título de la obra. En algún momento antes de montarme en el avión me aburrí terriblemente con la historia, y el libro pasó a un estado de coma en el bolsillo exterior de mi maleta que debe haber durado unos meses, hasta que me tocó viajar otra vez y lo reencotré.

No sé cuantas veces intenté empezarlo otra vez, y tampoco sé cuando fue que finalmente logré pasar de la mitad. Lo cierto es que una vez allí pude terminarlo, quizá un par de años más tarde de haberlo empezado. Pero más por una regla autoimpuesta de terminar todos los libros y películas empezados, cueste lo que cueste.

No recuerdo ni cómo termina la historia, pero sí sé que llegué hasta el final y cerré el libro con sonoridad y alivio. Finalmente había terminado con la tortura a la que yo misma me había condenado.

No hice click nunca con el pobre Francis. Debe ser porque para mi es más fácil entender las penurias de gente común en tierras calientes, llenas de dictadores y con mujeres que salen volando con las sábanas blancas que están poniendo a secar. Soy demasiado latinoamericana (?).

Las crisis existenciales de una juventud pudiente atrapada en unos países tan grises no se me da tan bién, menos si la historia de amor es trágica pero sin ser pintoresca.

Me costó un mundo el Fitzgerald. Pero sin duda, en algún momento TENDRÉ que leerme El Gran Gatsby.

11.8.11

30 Libros. Día 1. Uno que leyó de una sentada

Me uno a la cruzada del reto de los 30 libros que ya han inciado algunos de mis amigos y comienzo hoy a recomendar, según la indicación correspondiente, un libro por día.

Desde ya advierto que es probable que se me pase un día, o que deba "variar" un poco alguna de las reglas, espero que el autor original no se moleste y que ustedes - queridísimos- lectores sepan entender.

Relato de un Náufrago. Gabriel García Márquez.



En mi temprana adolescencia, o infancia tardía según más convenga, yo era un verdadero ratón de biblioteca. La cosa era que la biblioteca de mi casa no estaba particularmente surtida, así que las visitas a las casas de mis tíos, más antiguas y por tanto con más libros acumulados, me proveían mejor del ansiado material de lectura.

Mientras mis primos llegaban a las reuniones familiares ansiosos por encontrarse entre ellos para salir a patinar o partirse un brazo subidos a los árboles cercanos, yo siempre llegaba directo a buscar la correspondiente biblioteca. Esto, por supuesto, me signó como una paria, y me hizo ganar todos los motes que se le ocurren a una patota de carajitos impertinentes y malasangre: galla, ñoña, aburrida, rompe grupo y etc.

Afortunadamente
, nunca me importó, mientras ellos salían a la calle en bicicleta a sudar como monos y romperse las rodillas, yo viajaba plácidamente a todos esos sitios donde te llevan los libros, sin salir de la casa y con aire acondicionado. Sí, es probable que tuvieran razón en llamarme rompe grupo, pero ya no podemos hacer nada para remediarlo.

Yo debía tener unos 14 años cuando leí Relato de un náufrago, lo recuerdo porque cuando mi profesor de literatura de 3er o 4to año nos pidió que recomendáramos un libro para que leyera la clase yo fui la única que levantó la mano y sugirió un libro, este libro. Sí, es probable que también tuvieran razón en llamarme galla.

Cuando leí Relato... no tenía ni idea de quien era García Márquez, recuerdo estar hojeando los libros de un tío y haberme tropezado con este que estaba justo sobre el escritorio, era delgadito y más angosto y largo que la mayoría de los libros, y me llamó la atención que la historia arrancaba en la portada.

Debajo del título seguía el primer párrafo del reportaje / novela (ver imagen arriba) y eso fue todo lo que hizo falta. A partir de la portada misma continué la historia de Luis Alejandro Velasco, sin parar, obviando los llamados de mi mamá y mis tías para que fuera a comer, y los de mis primos que nunca paraban de insistir con que dejara de ser tan aburrida y saliera a manejar bicicletas con ellos.

Recuerdo estar sentada en el escritorio enorme de mi tío, tan sumergida en la historia que no me importaba estar en el ala más oscura de la casa, de frente a ese cuadro horrendo de Simón Bolívar que aterrorizó a los niños de mi familia desde siempre.

Verán, lo normal era que yo entrara a esa biblioteca, me hiciera de la vista gorda con el cuadro para no sentir que me veía desde todos los ángulos, escogiera un libro y saliera casi corriendo a la sala o a uno de los cuartos, desde donde pudiera escuchar la reunión familiar. La vibra de ese estudio siempre fue muy rara, pero pudo más el cuento que me estaba echando el Gabo.

Empiezas a sufrir con el náufrago sus mismos males, se te seca la boca, sientes una sed absurda y casi lloras de angustia o de felicidad en los momentos en los que el protagonista hace lo propio.

De allí nace mi amor por García Márquez, que se iría afianzando con el paso del tiempo con sus obras maestras. Y quien sabe si no es de allí también que nacieron mis ganas de estudiar periodismo. Porque Relato de un náufrago es una historia real, un reportaje originalmente publicado por partes por un diario colombiano en los 50. Tan maravilloso y bien narrado, que se editó como libro veinte años más tarde.

Lo bonito es que eso lo supe al terminar, cuando leí la solapa. Durante la tarde infinita que me quedé amarrada al náufrago, creí siempre que estaba leyendo un cuento. Mejor así, seguramente, porque de haber sabido que de verdad pasó capaz no aguanto el drama o lo sufro más, como me pasa con las películas del holocausto.

Ahora lo entiendo mejor, es que la realidad - bien contada- siempre, pero siempre, supera la ficción.

25.7.11

444


Hagamos honor al cliché y dediquemos unas palabras a la ciudad que me vió nacer, por su anivesario.

Desde la distancia se ve todo más bonito, pero aprovechemos mi intento de subjetividad y que aún no ha pasado demasiado tiempo desde que despegué de Maiquetía.

No extraño ni un poquito el miedo y la paranoia. Y no me hace falta la cola de la autopista a las seis de la tarde.

Si por mi fuera no volvería a pisar Chacaito, menos cuando llueve, menos si es para entrar al metro. Nunca me hará falta Sawú, Barriot, Romeo ni ninguno de sus asiduos visitantes.

El imbécil que se mete por el hombrillo ya casi se me olvidó, y el motorizado que me atropelló (y todos sus colegas) ya es un recuerdo lejano, a punto de ser erradicado para siempre, como un tumor.

La vieja que sale con una cacelora a la segunda avenida de Los Palos Grandes se me olvidó cuando el avión no alcanzaba ni la mitad de la altitud máxima del vuelo Caracas - Buenos Aires.

El vivo que se me coleaba en la fila de aquel ministerio, el carajito que guardaba 17 puestos en el cine del Tolón y el chofer de la camioneta que ponía a Eddy Santiago a todo volumen, por mi ya pasaron a mejor vida, todos, a una fosa común.

Las Mercedes inundada un viernes de quincena. El estacionamiento del San Ignacio colapsado un sábado. La Plaza Venezuela convertida en estacionamiento, violento y ruidoso, cualquier día de la semana. Todas son imágenes casi eliminadas de mi base de datos.

Pero aún me despierto algunos domingos con ganas de ir a comer panquecas con mi gente a Boston Bakery.

Aquellas dos guacamayas azules que pasaron volando a dos metros del carro donde estaba - estacionada- en la autopista no se van a olvidar jamás.

Tierra de Nadie y el Aula Magna, en mi UCV, son todavía, y para siempre, dos de mi lugares favoritos en el mundo entero.
La terraza del 360 seguirá siendo el escenario ideal para cualquier primera cita. Los jardines de Los Galpones de los Chorros son aún mi sala de cine favorita.

Nunca me voy a comer nada más rico que una arepa de guayanés en El Budare. O un perro, después de la rumba, en la Texaco.

Jamás voy a emborracharme y gozar tanto como lo hice en El Molino.

No se me olvida ninguno los 350 tipos de verde que muestra el Ávila, dependiendo del mes, la hora o el ángulo desde donde lo miras.

Caracas será siempre el lugar donde me enamoré por primera vez. Y donde me rompieron el corazón, ya perdí la cuenta de cuantas veces.

En ese valle se acuestan y se levantan todos los días - todavía- algunas de las personas que más amo, y que más me aman, de paso.

Hay dentro de sus límites dos o tres casas donde todavía me recibirían como en mi propio hogar.

Caracas será siempre mi Caracas. Aunque a veces pareciera que ya no la quiero más. Aunque Buenos Aires sea cada vez más Mi Buenos Aires. Aunque ya me haya acostumbrado a no buscar aquella muralla verde para ubicar el norte.

Así que Feliz Cumpleaños, Caracas. Y me perdonas el cliché.

21.7.11

De cómo fue que quizá hice una entrevista imaginaria a Casciari

Hoy recibí el ansiado mail de mi distribuidor anunciando que a partir de mañana puedo ir a buscar mi tercera revista Orsai, publicación que ya deberían conocer si leen este blog (y si no, tienen múltiples links a la derecha para ir a conocer YA mismo), y es por eso que me he animado finalmente a contar acá una historia que me guardaba por miedo a quedar como una loca, o a que me quiebren una ilusión. Ya entenderán.

Es bien conocida mi admiración por el gordo Casciari, le he dedicado varios posts y muchos más tweets, pero yo siempre pensé que mi faneo excesivo sólo significaría una molestia para mis amigos más cercanos y otra cosa mía que los seguidores desconocidos no entenderían y ya.

Pero una tardecita de algún momento de finales de 2010 me quedé fría frente al monitor viendo una ventanita de chat en Facebook. Como era de esperarse, además de tener todos los blogs que alguna vez haya publicado el gordo en mi reader, también lo sigo en twitter, lo agregué "como amigo" en FB y le di Like a un montón de grupos de ñoños como yo, del tipo "Yo también leo a Casciari".

Por esos días, yo había dicho por twitter que soy muy nerd y que siempre me entraban ganas de escribirle al mentado señor cuando lo veía conectado en FB, pero que nunca me atrevía porque, bueno, ya lo dije, soy muy nerd. Mi sorpresa fue gigantesca cuando leí un mensaje del susodicho en mi inbox: leí por ahí que no te atreves a hablarme entonces te hablo yo.

Plop!. Como Yayita.

No recuerdo que respondí, seguro lo bloqueé porque fue alguna tontería absurda y bochornosa, típica de un fan, pero tuve una conversación más o menos coherente que incluyó explicaciones del control cambiario venezolano y lo mucho que complicaba para nosotros la compra de Orsai.

Desde el otro lado me respondieron que me despreocupara, que me llegaría una revista firmada por el mismísimo editor. Y yo supongo que me morí luego de eso, porque hasta ahí llegó. La revista nunca me llegó (autografiada) pero eso era algo bastante obvio considerando que nunca le di mi dirección.

Luego de eso, intercambiamos un par de inbox de FB sobre el mismo tema, la revista, y yo siempre me alegraba de recibir una respuesta de un tipo tan ocupado, pero también siempre hubo una partecita de mi, la escéptica y desconfiada, que no terminaba de creer que quien escribía desde ese perfil de Fb fuera mi escritor preferido. Sí, sabemos que es un señor 2.0 pero también sabemos que la red está llena de gente sin oficio y que los perfiles falsos abundan.

Total que preferí creer con ilusión que sí intercambiaba correspondencia con mi ídolo, y lo dejé hasta ahí.

Meses más tarde, un amigo periodista y compañero de la congregación Orsai, me escribió un mail contándome que estaba trabajando en una revista y que le interesaba incluir una nota sobre el fenómemo Orsai / Casciari para la edición siguiente, y preguntaba si yo estaría interesada en escribirlo. Loca de contenta contesté que sí, y me puse a ordenar ideas para resumir en una cuartilla una nota sobre el tema.

Cercano al deadline yo seguía sin ser capaz de escribir sobre algo que me importa tanto, porque todo me parecía pobre e injusto, y en medio del estrés entré a mi página de FB y lo vi conectado. Me armé de valor y le conté mi drama, y con mucha vergüenza y toda la actitud de quinceañera frente a Justin Bieber le pregunté si me concedía una entrevista, algún día, cuando tuviera tiempo, si no era mucha molestia, que era cortita, que no lo iba a joder, que si me hacía el honor. Me volví a morir cuando dijo que sí, que con todo gusto, que preguntara lo que quisiera.

Me tomó 5 segundos darme cuenta de que hablaba de ya, de ahora mismo, y casi sin creérmelo me quité el disfraz de quinceañera e intenté ponerme el de periodista.

Comenzamos por FB, y en algún momento me pidió que lo agregara a Gtalk, porque era más cómodo, y así fue como terminé incluyendo en mi lista de chat al tipo que más me gustaba leer en los últimos años. Su nombre figuraba con un puntito verde al lado, en medio de la lista que incluye a mis mejores amigas, un par de ex y los colegas del trabajo.

La entrevista sucedió durante varios días porque nos veíamos interrumpidos por sus ocupaciones o las mías. Pero durante todo ese tiempo mi suspicacia nunca me dejó creerme por completo que era él. Así soy, loca y desconfiada. Pero igual lo entrevisté.

En el peor de los casos, me dije, me lo tomaré como una entrevista imaginaria, y traté de no pensar en el posible impostor partiéndose de risa por mi inocencia. En el mejor de los casos, es real, y resulta que pude entrevistar a un tipo divertido e inspirador que admiro muchísimo.

Les dejo la conversa literal (que me parece más entretenida), al principio está en negritas lo suyo para diferenciar, luego desde Gtalk ya aparecen los nombres que identifican lo que dice cada quien.

Así que... go!:

21:57
justo estaba por mandarte otro inbox, pero por otra cosa, por pasarme la vida faneando a Orsai un amigo me ha pedido q escriba una nota (es que soy periodista)
y estoy en eso, pero quería agregar algún comment del gordo que la edita... lo conocerás?
21:59
si, lo tengo acá al lado, dice que preguntes lo que quieras

22:00
ese es el tema, que soy medio obsesiva y creo que ya he leído todo lo que se ha subido a internet sobre Orsai.. y no quiero preguntar lo que ya leí
habrá algo que no hayas dicho? que te mueras por q te pregunten pero nadie lo hace?
qué se yo?... quizá la verdadera razón de la revista fue una revelación de la virgen de Lourdes, pero nadie te lo pregunta
22:01
vos conoces mucho de lo que dije, vas a tener que arriesgarte y preguntar, a ver qué sale

22:01
bueno, vamos
crees que si no hubieras conocido al Chiri en el curso de la primera comunión, existiría Orsai?
22:03
si no hubiera conocido a Chiri yo sería bajista de una banda de rock duro (porque es la segunda profesión donde se permite ser gordo)

22:04
podrías ser luchador de sumo también
22:04
si, pero no me gusta ir con pañales

22:05
buen punto, yo tampoco querría ver eso... ajá, sigamos... si se hubieran vendido 25 revsitas nada más o 100, SINCERAMENTE, habrían seguido?
22:06
Hasta el número cuatro, que es donde yo me quedaba sin dinero.

22:06
ok, justo de dinero quería hablar
que aconsejarías a dos veintañeros parecidos a ti y a Chiri que justo ahora están pensando en hacer lo mismo, y fundar una revista, pero no tienen los 100mil euros... se te ocurre como podrían?
22:07
una eres tu?

22:08
no, yo quisiera que me llamaras a escribir a la tuya que ya es famosa y sí tiene dinero para pagarme ;) no he sido nunca muy de pasar trabajo
22:09
tengo que salir un rato, la seguimos tan prono te encuentre de nuevo. ¿Si!

22:10
vale... no problemo
tengo q pensar como compruebo q eres tu, btw
digo, para poder citar a la fuente
22:10
quien mas podría ser?

22:10
que se yo?
tu asistente? alguien q creo una cuenta con tu nombre hace 3 años?
jajajaj
no sé, soy desconfiada
22:11
chiri a veces se hace pasar por mí, cuando dejo la maquina abierta

22:11
ves?
podría ser él
22:11
quizás soy chiri

22:11
entonces tendría q citarlo a él
22:11
ok
soy chiri

22:12
jajajjajaja
vale
22:12
me voy, después vuelvo yo vuelve hernan
uno de los dos

22:12
seguro
saludos
quienquieraqueseas

Ahí quedó, y yo me quedé con mi desconfianza pero divertida por el interlocutor. Luego:

21:13
estas?
Hernán está conectado/a.21:13

21:14
estoy
21:14
es que ayer tuve que salir y te dejé con las palabras en la boca

21:14
sí
ya decidiste quien eres?
:)
21:14
siempre fui hernan, no seas desconfiada

21:15
voy a tener que pedirte una foto con un periodico de hoy, como en las películas
no tanto por mi desconfianza, sino por mi reputación profesional
piensa que publico una nota y luego sale el original diciendo q nunca lo entrevisté
21:16
yo no haría eso, ni aunque tu nota fuera falsa
me gustan las mentirosas.

21:17
a todos los hombres, al parecer... las sinceras siempre quedan solteronas
pues sigo, buscando más cosas hoy encontré a un critico literario, segun su bio, que ironizó y criticó a los lectores de Orsai
Carolina Aguirre lo mandó un poco al carajo por twitter, pero él criticaba justo lo q más se ha alabado de Orsai... que quienes la compraron se sienten parten de un club, y eso los hace elitistas, al menos wannabe
que opinas de eso?
21:21
supongo que hay una forma muy fácil de encontrar un aire snobismo, o de elitismo, cuando se mira el proyecto desde fuera. Creo que si me pongo en los zapatos de un crítico que solo conoce de Orsai el último mes, entendería que pensara raro, que desconfiara.
o tu no?

21:22
entiendo que desconfíe si la conoce desde hace dos días, pero en un mes, más si es crítico, ya debería haber leído suficiente para entender
21:22
o no..
a veces hablamos sin ahondar
(De todas formas, yo me quedo con la mirada de Inti. No porque me convenga, sino porque la comparto en esencia) (esto es sobre la reseña que escribió Inti en ALT1040 en estos días sobre Orsai, está en mi TL)

21:24
no te revienta que siempre haya malintencionados, trolls, inútiles sentados en sus laptops jodiendo las pocas cosas buenas q aún hay por ahí?
te pusiste a buscar reseñas venezolanas? xD
21:25
no. Alt1040 está en mi reader

21:25
fíjate, leí en algún lado q no leías blogs
21:26
pero no creo que ese crítico sea un troll, ni un inútil jodiendo cosas buenas.

21:26
no, ese es otras cosas
21:27
de quién hablas, especificamente?

21:27
pensaba mas en la gente q te abrió un blog para criticar, hace años
y como a ti, a otros autores
21:27
ahhh! eso es otra cosa
eso se llama adolescencia.

21:27
nunca falta una gente lo suficientemente ociosa
21:28
Yo me puse como regla, hace ya mucho, no sentir ninguna pasíon (ni buena ni mala) con personas que escriben de modo anónimo.
si es anónimo, no es.

21:28
me he cruzado con un par de puristas también, españoles por cierto, que también me joden un poco la paciencia con el tema literatura-blogs-modernidad-2.0
me jodiste, yo escribo como anónimo jajaja
21:29
ves? eso si me molestan: los teóricos de la modernidad.

21:29
con pseudónimo pues
21:29
hay una diferencia con vos y otros muchos que usan seudónimo:
tu seudónimo, LaPerfecta, es identificable en dos clics
y ya se sabe quien sos.
eso no es anonimato.

21:30
en serio? yo que me creía tan misteriosa
21:30
Yo también soy El Jorge, y no pasa nada.
nooo
no sos misteriosa

21:30
bueh... otra ilusión al tacho
xD jeje
21:31
no estaríamos hablando si fueras anónima

21:31
ajá, me decías de los teóricos, por qué esos sí te joden?
21:31
me joden tantas conversaciones largas y aburridas sobre el 2.0, la modernidad, los medios
tengo dos invitaciones por semana a cosas así
a mesas redondas, a debates
y siempre les respondo lo mismo por mail.
"No puedo ir a su debate sobre de qué forma encaramos la transición del mundo digital con el periodismo, no puedo ir porque no tengo tiempo, ya que estoy haciendo una revista sin distribución que funciona muy bien"
Ya tengo ese texto en copipaste, como respuesta a las invitaciones
me da aburrimiento esa gente.
hablan muchisimo
¿no?

21:34
hay unos menos aburridos que otros
creo q se ponen aburridos cuando se dan cuenta q pueden hacer plata haciendo de "expertos 2.0"
21:34
si si, hablo de esos. No de los que hablan y hacen.
hablo de los que hacen su negocio del hablar.

21:35
ayer no me dijiste como hacen los dos periodistas de 20 y pocos q no tienen los 100mil euros para hacer su orsai
21:36
justo ahi me tuve que ir
(¿pero esto es ya la entrevista, o estamos hablando vos y yo tranquilamente?)

21:37
con una periodista nunca lo sabes ;)
(te estoy entrevistando desde aquel primer inbox de fan hace como 3 meses)
21:37
bueno, entonces debería peinarme

21:38
nah.... tranquilo q yo estoy descalza
no pasa nada
21:38
si es la entrevista y tenemos para largo, te propongo salir de facebook, porque acá me acribillan y me salen ventanitas por todas partes

21:38
skype?
21:39
Skype no tengo en esta maquina. tenes gtalk o msn o algo distinto?

21:39
gtalk
21:39
ok
ahi vamos
como te encuentro?

(intermedio para cambiar de aplicación)

21:44 casciari: aqui estamos
mucho menos ruidoso

Yo: ok

casciari: bienvenida a mi casa

21:45 Yo: muchas gracias :) todo un honor
mi amigo el negro se va a morir de envidia cuando le cuente

casciari: y por qué?

Yo: el me presentó a Mirta Bertotti, por allá por el 1600
21:46 y desde entonces nos acompañamos en leer lo q escribes y sentirnos parte de ese club esnobista del q hablaba el crítico
21:47 poco ético q lo diga siendo la entrevistadora pero bueh, mi profe de periodismo no se enterará

casciari: es decir que esta parte es conversacion con vos
avisame cuando regreses al disfraz de periodista

Yo: ya te dije que es como la delgada línea roja

casciari: si si, intento ver la linea

Yo: como contigo, que uno nunca sabe si de verdad llamaste a la vieja de los macarrones o no

21:48 casciari: no
no eran macarrones

Yo: canelones?

casciari: si, a esa si la llamé de verdad

Yo: jajaja

casciari: pobre vieja


21:49 Yo: ni me digas, recuerdo la sensación al terminar de leer eso... fue como "yo debería detestar a este hdp"
pero luego pensé que debía ser ficción y me calmé

casciari: ahora, que sabés que fue verdad, vuélveme a detestar

21:50 Yo: es difícil, porque me queda todos los cuentos de Lucas y Alex para no hacerlo
21:51 por cierto, lo único que no me ha gustado de Orsai fue esa tira... hubiera preferido que se quedara en texto

casciari: no creo que sea lo único que no te gustó. Dime qué más no te gustó.

21:52 Yo: dije "no me ha gustado", aún no la leo toda
Villoro resultó bastante más denso de lo que hubiera preferido, pero me fui acostumbrando y al final me enganchó

casciari: bien

21:53 Yo: a Carolina Aguirre "le banco" como dicen uds, todo lo q quiera escribir
y que sea amargada e histérica, la amo

casciari: :)

Yo: con Montt fue el mix PERFECTO, me encantó

casciari: a mí también
(ves? te estoy haciendo la entrevista yo a vos.)

Yo: lo de Seselovsky se sabía que iba a ser genial
es verdad!!!! es q me encanta hablar de mi, perdona

casciari: no pidas perdón
me interesa más así que de la manera contraria

21:55 Yo: a mi no

casciari: sigue
no te preocupes, despues cambiamos la posición

Yo: xD
tú, como padre de la criatura, estás conforme con las "caras" de Lucas y Alex?

casciari: sí, me encantaron

21:57 Yo: y bueno, claro, si no no publicas
déjame pensar en algo más inteligente que preguntar...

casciari: no!
sigue un poco con lo que te parecio la revista
21:58 y nunca intentes hacer preguntas inteligentes
contame mas de lo que no te gustó
me interesa de verdad

21:59 Yo: ya, la nota sobre el chico Casals está como rara
porque no me queda claro por qué debo saber la historia de los autores para luego conocer la de él

casciari: es una buena observación
22:00 muy buena
yo pienso lo mismo en ese caso

Yo: pero es algo de estudiante de periodismo a la q le enseñan teorias, y ya
has visto una película con un cineasta o un actor? es DETESTABLE
nunca pueden verla como seres mortales, siempre viendo cuadros y luces y etc.
así me pasa a veces leyendo cronicas, reseñas o reportajes, todo menos ficción

casciari: a mí también me pasa, a veces.

Yo: y si piensas lo mismo por qué no la editaste?

casciari: Porque con Chiri tuvimos un acuerdo secreto: no editar

22:02 Yo: eso puede saltarte en la cara

casciari: si, y nos saltó un par de veces
a chiri no le gustó la nota sobre el artista outsider, Darger
a mí no me gustó la de Meneses

Yo: yo la acabo de empezar, la de Darger
la de Meneses me gustó! por qué a ti no?

casciari: porque le falta recorrido y un poco más de extensión
se me quedó corta

22:04 Yo: puede ser, pero me parece que es que quieres leer biblias siempre... porque la de Villoro está en cambio demasiado larga

22:05 casciari: sí, me pasa un poco eso. Soy más de textos largos

Yo: y si no editan.... por eso se pusieron a escribir notitas al comienzo y final de cada nota? para justificar el sueldo?

casciari: :)
22:06 si, algo teníamos que hacer

Yo: bueno, les salió bien

casciari: la segunda saldrá mejor

22:07 Yo: si me dejas seguir hablando de mi, la segunda la leeré en Buenos Aires :)

22:08 casciari: Si es así, la segunda te la dedico de puño y letra, porque también la leeré en Buenos Aires

Yo: bah
ya no te creo nada de eso

casciari: por que?

Yo: si no fuera por mi desconfianza no tendría la numero uno
es más, una pequeñísima parte de mi sigue dudando de la legitimidad de mi interlocutor, pero me estoy divirtiendo horrores asi que sigo ;)

casciari: espera, espera
¿me diste tu dirección?

Yo: no
nunca me la pediste
jajajaja
vas a presentar la segunda en Bs As? por que dices q la leerás allá?
casciari: ok, solucionemos esto ya mismo.

Yo: ok

22:11 casciari: Pasame por mail tu direccion
Yo: dime como
casciari: aqui donde estamos

Yo: que vas a enviarme?

casciari: lo que quieras, para resarcirme
que querés?

Yo: un cheque en blanco?
jajaja xD

22:12 casciari: no seas materialista

Yo: es broma, déjame pensar

casciari: piensa

22:13 Yo: una copia de El Pibe que arruinaba las fotos :)
ya lo leí, pero no importa

casciari: de todo, prefieres ese libro?
como regalo?

22:14 Yo: no, ya te dije q prefiero el cheque
jaja
o que manipules el sorteo y me lleves a mi a tu cumpleaños
pero como me pones a pensar en cosas menos materialistas me cuesta
soy muy interesada

casciari: no puedo hacer eso del sorteo, estaría muy mal
22:15 Yo: jaja tranquilo! lo sé!

casciari: entonces "El pibe"?
Yo: no
ahora no quiero eso

casciari: ok
que querés

Yo: que problema
manda algo tú y sorpréndeme, sí?

22:16 casciari: ahhhh... qué fácil

Yo: obvio

casciari: bueno, lo que yo quiera
quedamos asi

Yo: si

casciari: pasame tu direccion

22:17 Yo: te paso la direccion, pero espero que llegue antes de que yo me vaya... será todo muy emocionante

casciari: llegará antes. ¿Cuando te vas?

Yo: 11 de marzo

casciari: llegará antes. Te enviaré lo que tengo pensado esta semana
te llegará en febrero, primeros días.

Yo: muy bien, yo me moriré de emoción cuando llegue

22:18 casciari: no seas exagerada

22:19 Yo: agh... no te hagas, si sabes mi seudónimo y has visto mi cuenta en twitter sabes q hablas con una admiradora
es sólo q me hago la cool

casciari: usé la palabra exagerada porque usaste la palabra "moriré"

Yo: (en parte porque podrías no ser tú)

22:20 casciari: estás pesadita con eso de que podría no ser yo.

Yo: ajájajajjaja
sorry
soy monotemática
ya lo dejo
tu estás evasivo con lo de los periodistas pobres

casciari: dije pesadita cariñosamente, conste

Yo: como fundan su orsai?
casciari: (¿esto ya es la entrevista?)

Yo: va y viene

casciari: ok

Yo: (estas pesadito tu con eso, ves?)

casciari: si

es que te va a costar mucho esta entrevista

Yo: a mi? por que?

22:22 casciari: porque todo lo que puedas preguntar sobre la revista ya lo dije todos los jueves en orsai.
a ver,
te reto a que me hagas preguntas que yo no pueda contestar usando frases que ya escribí en el blog.

22:23 Yo: eso es imposible

casciari: no es imposible

Yo: me leí todo el blog, pero no tengo tanta memoria, menos bajo presión

casciari: espera espera
acá lo más importante, ahora, es que no te sientas bajo presión
relajate

22:24 Yo: estoy relajadísima, ya te dije, descalza... y tomando una cerveza

casciari: y la presión por que entonces?

Yo: porque me pides que te pregunte cosas que no puedas responder

casciari: te pido que seas incisiva, que me preguntes cosas que no sepas.

Yo: ya te estás aburriendo?

casciari: a ver, te tranquilizo: tengo tiempo, no me iré pronto, me estoy diviriendo, y tenía ganas de charlar con vos

Yo: que bueno

casciari: asi que adelante

22:26 Yo: tuviste alguna respuesta de tus empleadores cuando publicaste el post de la renuncia?

22:27 casciari: si, se ofendieron mucho los de la nación, lo entendieron sin problemas los de el pais, y tengo una relacion excelente con mis ex editoras de la editorial española
silencio absoluto de mis editoriales argentina y mexico

Yo: a los de argentina les diste duro en la revista
si no se molestaron entonces, lo habrán hecho ya

22:28 casciari: yo creo que si
seguro

Yo: pero entonces no volverás a publicar con nadie más?

casciari: no
con nadie mas

Yo: pero eso es un lujo que solo puede darse alguien que ya está establecido
es sacarle la lengua al "sistema" una vez que ya te ayudó a llegar

casciari: es que yo no lo siento así

Yo: como lo sientes?

22:30 casciari: voy a publicar mis proximos libros con la Editorial Orsai, porque no encontré en otras editoriales un trato que me gustara
y lo expliqué así en ese post, Renuncio.

22:31 Yo: eso está bien, pero entonces todos los demás autores maltratados del mundo, deberían abrir sus propias editoriales? o venir a publicar contigo?
no hay una manera de decirle a las editoriales que ya existen como hacerlo mejor?

22:33 casciari: supongo que se darán cuenta pronto, cómo hay que hacer. Pero a veces yo no tengo tiempo o ganas de decirle a otros cómo hay que hacer las cosas,
o capaz que los demás no tienen ganas o tiempo de hacer las cosas como me gustan a mí pero si me sugieres que no tengo diplomacia para irme, y que podría ser menos escandaloso, tenés razón.

Yo: no, no es eso lo que sugiero, a mi me encantan los escándalos
es sólo que trato de preguntar lo que gente menos escandalosa quiere saber

casciari: entonces mi respuesta es que soy un poco impulsivo.

Yo: y eso te ha ayudado siempre? o sólo desde que eres famoso en internet?

22:36 casciari: siempre
definitivamente: siempre
desde chiquito busco estar cómodo y hacer lo que me gusta sin que me rompan las pelotas.

Yo: :)
gracias, acabas de darme el titular
cuando decias que leerás la segunda revista en bs as es porque la vas a presentar allá otra vez? vas a seguir haciendo los picnics?

casciari: no sé, pero seguro estaré ahi, porque me invitaron a la feria del libro

Yo: a dar una de esas conferencias fastidiosas?

casciari: no, a presentar el primer libro de la editorial, el de altuna

Yo: uh... va a estar bueno ese libro
el texto sobre el intermediario sí ganó bastante cuando lo ilustraron, se me pasó decirte hace rato cuando me preguntabas

casciari: me gustó a mi tambien
como quedó

Yo: para los proximos numeros mantienen esta estructura, o es mas o menos lo que les parezca siempre?
es decir, par de historias ilustradas, una sección sobre televisión, un cuento largo al final..

casciari: mantenemos la estructura de que sea lo que se nos antoje cada vez

Yo: y como ha sido la movida luego de que invitaran a la gente que quisiera estar a enviar sus textos?
cuantos han recibido? no fue una avalancha?

casciari: recibimos 340 y elegimos uno que publicaremos en el numero 2.

Yo: uno de 340??
tan malos fueron todos los demás?

casciari: teniamos planeado elegir uno

Yo: pero fue fácil?
el resto queda descartado simplemente, o quizá entre en algún número más?
conocían al autor del que quedó seleccionado?

casciari: tenemos seis que pueden entrar en próximos numeros

Yo: y van a mantener la idea de que les mande cualquiera sus cosas? no es desgantante?

casciari: el que lee es chiri, y no se siente desgastado

Yo: o sea que tú no lees nada?

casciari: no, no hago TODO
hago algunas cosas
y otras él

22:50 Yo: no digo que debas hacer TODO
nada más q pensé que leerías algunos

casciari: si , lei las 20 elecciones de chiri, y elegimos seis

Yo: no crees que Orsai perdería parte de su encanto si se vuelve "mainstream" y empiezas a recibir pedidos de las cadenas de librerías del mundo?
tipo encontrar una en las cajas de walmart mientras esperas para pagar?

casciari: ja!
no creo que yo deje que pase eso
no pasará
te lo prometo en esta noche solemne

Yo: como podrías evitarlo? todos los días veo rubias con tshirts de RAMONES que juran que esa es la marca

casciari: tendrás que confiar en mí.
no sé cómo lo haré, pero haré algo.

Yo: jajaja
me estás diciendo que si algún ejecutivo de Carrefour resulta ser de Mercedes y te conoce y decide pedir 5mil Orsai para vender en las cajas del supermercado, le dirás que no?

casciari: promesa.

22:56 Yo: :)
por mi feliz, pero te dirán snob, sectario, enemigo de la culturización del pueblo

casciari: pero yo prefiero hacerte feliz

Yo: jajaja

casciari: excelente respuesta

22:57 Yo: un poco babosa, pero sí, excelente en esencia

22:58 casciari: tengo que hacer cosas en casa, cosas de orden paterno (mi hija se despertó)
seguimos mas tarde, ¿si?

Yo: que hora es en tu casa?

casciari: 4.28 am

Yo: uy
vale

casciari: beso!

Yo: encárguese
beso!
mil gracias!

*********
Y ya, esa fue la entrevista más cool que he hecho en mi vida. Si se preguntan por el regalo, nunca llegó, cosa que alimenta mis suspicacias. Pero siempre puede ser que entre las mil cosas se le olvidó, o que Ipostel lo perdió. No importa.

Mañana llega mi tercera Orsai y no importa nada más por ahora.

3.7.11

Esto no es la continuidad de los parques


Esta ciudad me está enseñando un montón de cosas. Lo primero y quizá lo más importante es que esta ciudad me enseñó a caminar. Perderle el miedo a las decenas de cuadras es la primera señal de que te estás entendiendo con Buenos Aires.

Estando recién llegada un mesonero amable -es decir, un espécimen en vías de extinción- me explicó que no necesitaba tomar un colectivo para hacer las 20 cuadras que me separaban de mi casa. Eran las 2 de la mañana de un sábado y la zona estaba aún en pleno movimiento luego de un concierto masivo y gratuito, donde pudimos ver a Plácido Domingo cantar unas canciones muy graciosas y luego un par de tangos que le quedaron bien bonitos.

El mesonero no se daba abasto para atender un lugar atiborrado de gente pero aún así se tomó la molestia de explicarme que "por acá nomás, derecho siempre" llegaba a mi destino. "Son 20 cuadras apenas, me dijo, y además la noche está linda". Para mis parámetros tropicales ya estaba haciendo un poco de frío, y 20 cuadras era muchísimo. Pero desde este julio polar entiendo ahora que sí estaba linda la noche, y que no era tan lejos.

Verán, 20 cuadras en una ciudad con aceras y gente, no es nada. Y si en cada esquina hay un cartel que te indica nombre y ubicación, pues menos.

Así que eso fue lo primero que aprendí acá, que en las ciudades se camina, y además, se camina sin miedo.

En ese mismo orden de ideas, aprendí que hay unos dibujitos cuadriculados, con números y algunas manchas verdes, que se llaman mapas. Y que con esos mapas es posible llegar a un lugar aunque no hayamos ido nunca antes. Es muy fácil, más si los dibujitos los buscas en internet. Estás en un lugar X, que tiene un nombre y un número, y vas a un lugar Y, que tiene otro nombre y otro número. Simplemente los señalas en el dibujo y con un poco de sentido común te desplazas de un lugar a otro.

Ayuda mucho que además de tus pies, puedes usar unos autobuses que recorren toda la ciudad para movilizarte. Ya en Caracas había aprendido a usar los autobuses, pero acá es más fácil porque a alguien muy inteligente se le ocurrió ponerles unos números grandotes al frente, y luego en cada calle, bien señalizado con un poste alto y un cartel, están los mismos números que se ven al frente de los buses. Entonces si quieres montarte en el 39, buscas en el mapa dónde se para, caminas hasta allí y donde veas el poste con un 39 lo esperas. El resto sí es lo mismo, sacas la mano y te montas en el bus cuando pare.

Imagínense mi asombro, yo que llevaba 25 años moviéndome con indicaciones como "sabes donde está el quiosco verde? bueno ya no está, pero ahí te paras y cuando veas la camioneta del aviso amarillo la paras, pero pregunta porque a veces no tienen aviso, o a veces tienen aviso amarillo pero van para otro lado".

Podría decir entonces que esta ciudad me enseñó también un poco de civilización, pero tampoco es tan así porque créanme que esta gente a veces se pone incivilizada. Se amotinan y queman uno de esos buses con números enormes, en la mitad de la vía. Y cuando preguntas por qué te dicen cosas sobre el campo, o sobre equipos de fútbol que se van a un lugar llamado "la B" y que nadie sabe donde queda pero debe ser horrible porque todos lloran cuando los mandan para allá.

Una vez aprendido lo de caminar, esta ciudad te empieza a enseñar otras cosas. Te enseña a caminar viendo para arriba, porque hay unos edificios que tienen 200 años y que son una cosa hermosa para contemplar cuando les pega el sol de las 5 de la tarde. Aunque también aprendes a los golpes que deberías estar mirando al suelo, porque hay más perros que gente y la poca gente que hay no tiene ni idea de que cuando saca a sus perros a pasear, deben llevar bolsitas para recoger lo que ellos van dejando por la calle.

Finalmente, aprendes que estar solo no es tan terrible como nos habían dicho toda la vida en nuestras ciudades tropicales. Si te fijas por la calle, ves que en todos lados hay mucha gente sentada sola, tomándose un café (aunque nadie haya aprendido aún a hacer uno decente) o almorzando con la vista hacia el parque. Ah! porque se me olvidaba, esta ciudad también me enseñó que esas manchas verdes que se ven en los mapas son unos lugares preciosos llamados parques.

Están usualmente llenos de árboles, bancos y gente. Gente sola o acompañada. Leyendo un libro o tomando el sol. Porque se aprende a apreciar al sol, cuando nada más calienta durante 6 meses al año.

Pensar que yo siempre lo dí por sentado, al pobre. Pero no, se ve que no puede estar en todos lados a la vez, así que como en mi ciudad está de guardia todo el año, acá tiene que tomar turnos para que le alcance la luz y el calor.

A dos cuadras de mi casa está uno de esos parques, aunque en realidad es un jardín. Está lleno de plantas de todo tipo, y en la pata de cada una hay un cartel que dice como se llama, en cristiano y en latín, como para que entienda todo el mundo.

A ese parque voy de vez en cuando, sola, con algún libro o una de las 12mil guías que tengo que leer en la universidad. Llego, me siento en un banco donde pegue el sol (porque desde que llegué lo aprecio más) y cuando me desconcentro de la lectura, porque está aburrida o yo estoy dispersa, me quedo lela viendo hacia alguno de esos edificios que les digo, o viendo pasar los autobuses por la avenida del frente. Si empieza a hacer frío me voy a algún café, siempre caminando, y trato de leer un poco más o me pongo a pensar en cualquier cosa.

Hoy por ejemplo me puse a pensar que debería escribir en el blog sobre las cosas que hasta ahora me ha enseñado esta ciudad. Y así llegué a acá, a escribir esta tontería. Porque esta ciudad además de enseñarte cosas tiene la habilidad de ponerte a pensar, y yo cuando pienso, casi siempre, escribo.

21.6.11

Antonio, la historia que no debió continuar

La última vez que nos vimos, ustedes y yo, quiero decir, yo había cerrado la puerta de mi apartamento en Caracas dejando al pobre Antonio con su declaración de amor y sus ojos febriles del otro lado.

Lo bello de la indiferencia es que no molesta. Más allá de un supiro de dolor - y algo de lástima, porque soy un terrible ser humano - la confesión de Antonio no me generó nada más. Recordé por un instante las veces, porque fueron dos, que yo misma había hecho una confesión de amor sin ser correspondida y me sentí muy mal por él, pero ya. Ni modo, la vida es así.

Poco después de esa navidad me mudé, pero nada radical, me cambié del 4to al 1er piso del mismo edificio y eso sólo significó menos escaleras para subir el mercado y, afortunadamente, menos oportunidades para tropezarme con Antonio en los pasillos.

No estoy segura de haberlo visto de nuevo antes de esa tarde nefasta de nuestra primera y única cita. Pero sí recuerdo que mientras toda esta historia sucedía otra historia paralela tenía lugar conmigo como protagonista. En esa época estaba en otra de mis relaciones sin futuro, prácticamente inventadas por mi, en la que todo volvió a salir mal.

No dije la vez anterior que cuando Antonio me acompañó al metro, esa vez que me pidió el teléfono, mi verdadero destino no era la estación. Cuando el pobre flaco me preguntó a donde iba esa mañana, le dije que iba al metro para ahorrar conversa, en realidad iba a uno de los edificios aledaños a la estación más cercana a mi casa, que era donde trabajaba. Durante mis primeros cuatro años en Caracas viví, estudié y trabajé a distancias caminables. Eso en Caracas no es común, y casi nunca le agradezco al universo por eso.

Mi oficina quedaba entonces muy cerca del lugar donde yo vivía y Antonio trabajaba, así que una tarde desdichada salí de trabajar, y me senté con una amiga a tomar un café a media cuadra. El café se convirtió en tres cervezas y una conversación eterna en la que mi amiga y yo despotricamos contra el mundo y contra los respectivos hombres que nos hacían invivible la vida en ese instante. A las 6 ó 7 de la tarde, algo molestas con el mundo, pagamos la cuenta y salimos a la calle.

Antonio casi me lleva por delante, como en las películas, y cuando se volteó a disculparse se dio cuenta que era yo. En vez de salir corriendo, que era lo que cualquiera de los dos tendría que haber hecho, nos sonreímos. Hola como estás, bien y tú, trabajando como siempre, menos mal que es viernes, sí menos mal, no quieres ir al cine?, bueno dale.

Ni yo misma supe que estaba yendo al cine con Antonio, hasta 10 minutos después. Caminamos hasta el centro comercial más cercano, y en esa caminata tuve la conversación menos interesante de mi vida.

Ustedes tienen que saber que yo soy loca. Eso no es nuevo. Y también saben que me gusta dármelas de intensa. No tengo problemas para sentir atracción física por muy distintos tipos - tengo un amigo que lo llama paladar universal - pero mi gran problema es encontrar compatibilidad intelectual. Por eso es que seguro me voy a hacer vieja rodeada de gatos. Por snob y wannabe. Por querer dármelas de sabionda. Pero ese es otro tema.

La cuestión es que llevé la charla hacia los temas que me interesa saber de entrada. Qué lee. Qué oye. Qué mira este tipo. No puedo presentarle a mis amigos un tipo de esos que dice que "no es de leer", porque mis prejuicios absurdos no me dejarían vivir en paz.

El pobre Antonio lo intentó, pero confundió My chemical romance con The chemicals brothers. Me juró que Padre Rico, Padre Pobre le había cambiado la vida. Y con una estocada final, me confesó que de lo que había visto recientemente en el cine su gran favorita había sido Una noche en el museo. "Es muy cómica", me dijo el inocente.

Para cuando llegamos a las taquillas abarrotadas de gente ya yo estaba buscando un arma punzopenetrante para causarme algún tipo de daño que me obligara a ir a un hospital. Lamentablemente no la conseguí.

En vez de eso, tuve que soportar una hora de cola para comprar los tiquets, y cuando me dirigía a la sala, apurada porque no me gusta ver una película empezada - así sea una mala como la que íbamos a ver- prácticamente me obligó a hacer una segunda cola, para comprar bebidas y chucherías. Porque "como te voy a traer al cine sin comprarte un chocolatico?". Era un dulce.

25 minutos, dos litros de cocacola, medio kilo de cotufas y 350 grs de chocolate más tarde, entramos a una sala sobrevendida, con las luces ya apagadas y una obesa Danielita Alvarado en la pantalla. Porque sí, fuimos a ver Una abuela virgen. Laputaquemeparió.

No encontramos asientos juntos, así que Antonio decidió que lo mejor sería que yo me sentara en el asiento del extremo que estaba vació en la primera fila y él se sentaría en las escaleras.

Le rogué que no, que por favor se sentara en una silla, le dije que vendrían a decirle que no podía estar ahí. Pero se le rompía el corazón por no poder ver la película a mi lado. Por supuesto que cinco minutos más tarde se me rompía a mi la cara de vergüenza cuando llegó el empleado del cine a levantarlo del suelo iluminándonos con una linternita. El cine entero nos puteó hasta que una amable señora nos llamó desde el otro extremo para decirnos que ella se movería de lugar y nos dejaría dos asientos continuos libres.

Cuando creí que lo peor había pasado y pude sentarme a ver cómo Iván Tamayo hacía el ridículo en pantalla gigante, Antonio se las jugó todas. En un intento de romance trató de darme cotufas en la boca. Sí, con su mano, en mi boca. Estonomepuedeestarpasandoami.

Terminó el martirio, y la película que bien pudo haberse llamado así. Y salimos. Yo soñaba con la teletransportación pero no fue posible. Antonio insistió en que tomáramos algo y yo todavía me caigo a cahetadas a mi misma cuando me acuerdo que dije que sí.

Entramos a un Fridays o similar, y yo pedí la cerveza más fría del bar, para tomármela de un trago.

¿Se imaginan que sucedió? Obviamente, Antonio había interpretado nuestra salida como un éxito rotundo y me volvió a pedir que fuera su novia.

Lo que hice a continuación debe ser la causa del karma que pagaré en esta y las próximas siete vidas. En mi defensa debo decir que el pánico se apoderó de mi y mi paciencia ya no existía.

Me disculpé para ir al baño y salí del bar lo más rápido que me dieron las piernas. Antonio todavía debe estar ahí, porque por el edificio nunca más lo volví a ver.

6.6.11

Antonio, el momento más incómodo de mi vida

A Antonio lo conocí en el edificio dónde yo vivía y él trabajaba. Nos veíamos siempre en las escaleras, porque el edificio tenía sólo cuatro pisos y no había ascensor. En ese entonces yo vivía en el apartamento 4-A, y él trabajaba en la oficina que quedaba en el 3-A.

Cuando llegaba de trabajar los viernes, ya de noche, lo veía siempre reunido con los manganzones de la cuadra tomando cervezas en el portal del edificio. Se le notaba a leguas que él era el bobo que se junta con los malos para parecer malo también, y eso lo hacía parecer más bobo todavía. Siempre incómodo aparentando. No era feo, al menos. Y se notaba también que era deportista o iba a un gimnasio, pero ni eso lo ayudaba.

Cuando recuerdo esta historia siempre concluyo que a Antonio lo ayudó la constancia y la suerte. Porque a mi siempre me pareció muy tonto, la verdad. También le ayudó mi ego, que es el mismo ego de todas las mujeres, que le ganaba a veces a mi sentido común.

Antonio siempre me miró como si no hubiera otra mujer más bella ni más importante. Casi podía oírlo aguantar la respiración por la emoción cuando me tenía cerca. Y esa adoración casi infantil alimentaba mi ego.

La primera señal que debió hacerme huir la dejé pasar porque me causaba hasta un poco de gracia. Antonio comenzó a esperar, supongo que con el oído pegado a su puerta, a que yo saliera de mi apartamento en las mañanas, sólo para salir a saludarme en el pasillo. Cuando yo cerraba la puerta de mi casa, escuchaba como se abría la puerta del piso de abajo, y cuando me asomaba al segundo tramo de las escaleras ya él estaba abajo, al pie del último escalón, esperándome con esa sonrisa tonta y un gesto que quería decir ¡Buenos días! pero en realidad decía ¡soy patético!.

Al principio me saludaba con un hola tímido, pero de a poco evolucionó en un saludo de beso en la mejilla que al final era ya un abrazo apretado como el de los amigos que no se ven hace años. Yo respondí siempre casual a su acoso mañanero, en parte porque no me quedaba otra y en parte porque me parecía inofensivo, aunque empalagoso. El papá de Antonio era también su jefe, y un buen amigo de mi propio padre. Trabajaba en esa oficina desde hacía muchos años, más del doble de los que llevaba mi familia viviendo en ese edificio.

Un día Antonio se atrevió a decirme más que el hola usual, y me preguntó, con torpeza, a dónde iba. Yo le respondí, con brusco tono de obviedad, que a trabajar, como todos los días. Él sugirió que iba al metro, y yo tuve que confesar que yo también. Así que sin preguntar decidió que caminaríamos juntos hasta la estación más cercana.

En esas 5 cuadras me preguntó donde trabajaba, qué hacía, y todas esas preguntas aburridas que se hacen para matar el tiempo. Pero cuando nos acercábamos a la estación me agarró desprevenida y me pidió que le diera mi teléfono. "Para ver si hacemos algo un día de estos", me dijo. Yo consideré la idea de darle un número equivocado para sacármelo de encima sin incomodidades, pero no había escapatoria, nos veríamos al día siguiente (o el mismo día en el peor caso) y además él se adelantó con el único rapto de brillantez que le vi en los casi 3 años que nos conocimos y me dijo que llamaría en ese mismo momento a mi número, para que yo pudiera guardar el de él.

Desde ese día comencé a recibir mensajes esporádicos, siempre cortos y precisos, casi siempre los viernes. "¿Qué haces hoy? ¿tomamos algo?". Y yo siempre lo evadía con excusas. Que estoy cansada. Tengo planes. Hoy no puedo. Pero algo me impedía rechazarlo de frente y mandarlo al zipote de una sola y buena vez. Supongo que era como tratar mal a un niño ingenuo, como decirle a un inocente que Santa no existe. También debo confesar que su insistencia me halagaba, de nuevo el ego, mi desgracia.

Un día de diciembre, casi año después del incidente del teléfono, llegué a casa con una maleta llena de botellas de licor. Era el regalo navideño de la oficina en la que trabajaba. Eran unas 10 botellas embutidas en una maleta con rueditas, así que pude arrastrarla sin problemas hasta que llegué a las escaleras de mi edificio. Comencé a subir con esfuerzo, pero el ruido que hacía intentando subir hizo que Antonio se asomara al pasillo a ver qué pasaba, Cuando me vió salió corriendo en mi auxilio y me reprendió con muchísima ternura que no le hubiera llamado desde un principio para subir esa maleta tan pesada. Una dama como tú en estas, me dijo, es el fin del mundo, pudiste hacerte daño, como se te ocurre, si aquí estoy yo para ayudarte cuando me necesites. Era muy gafo, pero muy galante, el pobre Antonio.

En la puerta de mi casa le di las gracias y abrí la puerta lo más rápido que pude para terminar pronto con la escenita, pero Antonio no me dejó.

Nunca imaginé lo que estaba a punto de pasar. La pena ajena que siento cuando lo recuerdo me hace cerrar los ojos, me da ganas de retroceder el tiempo y dejar la maleta en otro lado, llegar más tarde, llamar a mi papá para que suba él la maleta, cualquier cosa para evitarle a Antonio, y a mi, lo que sucedió después.

Antonio impidió que cerrara la puerta y me tomó de las manos, no había nadie en mi casa, así que nadie pudo salvarlo con una interrupción. Yo estaba ahí parada, con ese pobre hombre agarrándome las manos con sus propias manos sudorosas y temblando, porque temblaba, lo juro, sin saber qué hacer ni a donde mirar, me parecía demasiado cruel soltarlo con brusquedad y cerrarle la puerta en las narices, pero hubiera sido mejor.

Me miraba con los ojos brillantes, como Candy Candy, y empezó a hablar a tropezones. Me dijo que yo era la mujer más especial que él conocía - pero nunca cruzamos más de diez palabras-, me dijo que era tan bella y tan elegante - en esto tenía razón, no podía contradecirlo-, me dijo que hace mucho tiempo pensaba en mi - cosa que quizá era cierta- y que tenía algo muy importante que decirme.

Aquí debo aclarar que esto ocurrió cuando yo tenía 20 años. Él debía tener 25 o 26. Eramos gente grande, pues. Gente que trabaja y que es mayor de edad. En conclusión, ya no éramos ningunos carajitos. Es por eso que lo que me dijo no me podía caber en la cabeza.

Con la voz quebrada por los nervios, y aferrado a mis manos como si fuera a caerse, o porque sabía que iba a caerse en ese barranco en el que se estaba lanzando, Antonio me miró con los ojos llenos de lágrimas - esto lo juro por mi propia vida- y me dijo que estaba enamorado de mi y que quería preguntarme si yo quería ser su novia.

En pleno 2006, en plena era del reguetón y siendo dos adultos que se conocen vagamente, este hombre se me estaba "declarando", así a la antigua. Con la gracia de un aguacate, sin haber siquiera ido a comer helados, este tarajallo que trabajaba y tenía licencia de conducir, se me plantaba en frente a punto de llorar y me decía textual "yo estoy enamorado de ti y te quería preguntar si quieres ser mi novia".

Debe haber sido el momento más incómodo de mi vida. Más que todas las veces que yo misma había hecho el ridículo frente a un hombre, y créanme, a los 20 años ya había hecho ese tipo de ridículos decenas de veces.

No sé ni qué le dije, pero seguro fue algo como que le agradecía muchísimo que fuera tan amable conmigo, pero que no podía responderle algo así, ¡no sabía ni su apellido!. Que muchas gracias, pero no gracias. Y ahí sí me solté y cerré la puerta lo más rápido que me dieron las manos y la maleta, que seguía atravesada en el umbral.

Pasé varios días tragando grueso para no encontrarme al pobre tipo en el pasillo, y creo que él también lo intentaba porque no nos vimos por un tiempo.

Pero lo peor del cuento es que no terminó ahí. Yo llegué a salir, as in a date, con Antonio. Un par de meses después. Lo sé porque google me permite ponerle fecha a nuestra cita por la fecha de estreno de la película que fuimos a ver.

¿Cómo llegamos a tener una cita ese personaje y yo? ¿Cómo fue esa cita? Es material para otro post. Así que... esta historia continuará.

19.5.11

Un día en un sueño, soñando, soñé

Cuando duermo boca arriba tengo pesadillas. Siempre que despierto de un mal sueño me encuentro en posiciones insólitas, con una pierna cruzada aplastada bajo la otra, o con los brazos completamente estirados hacia arriba y agarrándome una muñeca, como asfixiando la mano.

Durante mi adolescencia fueron muchas las veces que mi madre me despertó asustada, creyendo que estaba a punto de caerme de la cama, se despertaba cuando me oía hablar en sueños y al llegar a mi habitación me veía con la cabeza colgando del borde de la cama, o con una pierna en alto, cruzada sobre la otra. Siempre boca arriba.

Anoche me despertó mi madre, parece imposible porque dormíamos a miles de kilómetros de distancia, pero fue uno de esos sueños en los que sueñas que estás soñando, y te despiertas dos veces.

En el primer sueño algo me aplastaba y yo tenía miedo, entre la penumbra podía ver que mi hermana dormía en el suelo, al lado de mi cama. Trataba de llamarla, gritaba su nombre en mi mente, pero no me salía la voz. Lloraba frustrada, pero también mentalmente, porque tampoco me salían las lágrimas.

Cuando logré emitir sonidos, en el sueño, lo que me aplastaba me empezó a hacer mucho daño, estaba muy asustada y recordé que mi mamá siempre me dice que cuando tenga pesadillas rece el Padre Nuestro. Es muy raro, porque ella no es religiosa, pero lo recordé e intenté hacerlo. Debe ser el único ápice de religiosidad que me queda. Después de tantos libros, abracé un agnosticismo primero inmaduro - diría que hasta hipster - que ya a estas alturas me define en algunas de mis formas.

Me dio miedo darme cuenta que ya no recordaba el Padre Nuestro. Me desperté, en mi cuarto en Buenos Aires, y justo entonces mi mamá entró y le conté que ya no me sabía la oración, ella lo recitó para mi. Cuando hubo terminado reconocí que soñaba. Era imposible que mi madre entrara a mi cuarto en Buenos Aires, ella está en Venezuela.

Me desperté por segunda vez y ahora sí estaba despierta, como petrificada sobre la cama, en una especie de posición egipcia.

Por un segundo recordé todas las veces que me he despertado asustada por un sueño, siempre que pasa estoy boca arriba. Ya estoy muy grande para llamar a mi mamá cuando tengo una pesadilla. Además hubiera sido aterrador despertarla a la madrugada estando tan lejos, sin contar lo desconsiderado. Así que lloré, sola, sentada sobre mi cama viendo el lugar donde mi madre se había sentado hacía un par de minutos, en mi sueño.

Y con vergüenza, contra mi misma, a pesar de todo lo que digo, hago y sé, recé un Padre Nuestro que me hiciera sentirme de nuevo cerca de ella. Y lo hizo. Luego dormí.

9.5.11

¿Lo viví o lo leí?


El sábado viajé por primera vez en tren. Cuando se lo cuento a la gente de acá me preguntan si en Venezuela no hay trenes, yo les digo que no para no extenderme en explicaciones y a ellos no les extraña mucho porque acompaño el comentario explicando que somos un país petrolero donde la gasolina es más barata que el agua y por eso nos movemos en autos siempre.

El ferrocarril a Los Vales del Tuy y el de Los Teques son relativamente nuevos y nunca tuve necesidad de usarlos, además debo confesar que no me hacía ni un poco de gracia imaginarme metida en ese berenjenal que se ve en los videos de youtube que muestran la estación de La Rinconada con gente corriendo como dementes para no perder la transferencia.

Tampoco fui nunca a El Consejo, aunque lo consideré muchas veces, pero se quedó como uno más de esos miles de paseos que nunca hice por falta de planificación o entusiasmo. Con vergüenza debo decir que no fui nunca a Choroní ni a Cuyagua, ni a Mochima, ni a Los Roques, ni a Canaima.

Es más, no sé que hice los 25 años que pasé en tierra bolivariana, porque visto así no hice un coño de lo que hay que hacer. Dejé todas esas cosas para después y bastante que me quejaba de "no tener nada para hacer" cada fin de semana. Me quedan todas esas deudas para cuando turistee de nuevo en Venezuela.

Decidida a no repetir errores de este lado del mundo, me embarqué a mi primer viaje turístico, aunque suene a mucho porque fue sólo un paseo de 45 min en un trencito que me llevó a Gran Buenos Aires, que es lo mismo que haber tomado el tren de los Teques para pasear en la Gran Caracas.

Las vías del tren pasan primero frente al aeroparque, y desde allí puedes ver los aviones y las pistas mientras avanzas en el terco armatoste metálico, terco porque se mueve sólo en una vía, debe ser aburridísimo no poder salirse nunca del carril.

Justo después puedes ver un pedacito del río, a lo lejos, y luego comienzas a ver las casas de las zonas residenciales que hacen vida alrededor de cada estación.

Mientras veía por la ventanilla las cientos de casas que íbamos dejando atrás pensé en escribir este post, sobretodo porque un recuerdo literario me asaltó y me conmovió y los que me acompañaban en ese momento no supieron apreciarlo cuando lo conté, o al menos eso me pareció. Me dije, cuando lo cuente en el blog seguro habrá alguien que se emocione tanto como yo por esta pavada que me vino a la mente al pasar en un tren frente a un montón de casas.

Inesperadamente ayer leía uno de mis blogs favoritos, Rostros de Viento, y el autor hablaba de los recuerdos literarios, y para más señas su recuerdo y el mio son del mismo autor. No les tengo que decir que me emocioné, que pensé en los guiños de los que siempre hablo, que sentí el impulso de venir corriendo a escribir esto y no seguir dejándolo para después. Y aquí estoy, y doy mil vueltas para contarles algo porque necesitaba teclear mucho, es que justo debo escribir un ensayo y una vez me dijeron que si debemos leer o escribir algo que no nos inspire o que no nos guste lo más conveniente es leer o escribir antes algo que sí, para ejercitar el músculo creador.

Volvamos al recuerdo literario. Prometo no dar más rodeos. Mi viaje en ese tren que pasaba por los patios de todas esas casas me llevó en un microsegundo al cuento de Cortázar "Final del juego". Necesito que se emocionen conmigo, entonces si no lo han leído, vayan .

Listo. Ahora ya saben que el cuento trata sobre tres chicas que esperan la hora de la siesta para salir al patio de su casa, por donde pasa el tren que viene de Tigre, a jugar a las "estatuas y actitudes", ataviadas con trapos y expresiones teatrales, petrificadas, mientras observan las reacciones de su público, los pasajeros del tren.

Mi recuerdo fue casi cinematográfico, porque una vez que me hube concentrado, pude ver en mi memoria a una chica cubierta con un trapo blanco y usando una corona de flores, parada bajo el sol. Sé que suena a payasada, a que me las quiero dar de intensa y literata soñadora, pero es cierto. Creo que en el cuento nunca se describe una estatua como esa, pero cuando lo leí eso fue lo que me imaginé.

Ya me pasó antes, pero esa vez iba sola y no hubo con quien compartir el recuerdo. Caminaba por alguna callecita de Palermo y había un paraguas tirado en el suelo, dañado y sucio, y de inmediato pensé en el paraguas que La Maga y Oliveira abandonan en un barranco luego de haberlo usado para darle punzadas a la gente en el subte.

Me gusta recordar escenas de libros como si fueran escenas de películas. No lo voy a negar, me gusta principalmente porque me hace sentir especial. Cosas de egocéntricos con delirios de grandeza, no puedo evitar creerme mejor que la gente que no lee. Tampoco puedo evitar querer más a la gente sólo porque lee lo mismo que yo. O porque lee, punto.

Lo bueno es que siento que me vine a la ciudad adecuada para que me sigan pasando este tipo de cosas. Cuidado si no estoy acá sólo porque Cortázar es mi autor favorito. Sería un snobismo casi insoportable, lo sé. Quizá por eso nunca lo he concientizado.

Prediero decir que me vine para acá porque hay estaciones, pero es más barato que Europa. O que vine porque había un posgrado que me gustaba. O que me enamoré de Buenos Aires desde el instante en que pisé la calle Corrientes. Cualquiera de esas. Es que es demasiado ingenuo mudarse al otro lado del continente nada más porque ahí se desarrollan tus cuentos favoritos.

Entiendan que llevo la vida tratando de disimular mi ingenuidad. Disfrazada de actitud. O sea, jugando a las estatuas y actitudes.