22.9.11

30 Libros. Día 15. Uno que haya amado hace años y del que hoy reniega.

Recomendamos, según la indicación correspondiente, un libro por día

Paula. Isabel Allende.



Admito desde la primera línea que es muy esnob renegar de un libro. En general, los libros nos gustan o no nos gustan. Las subjetividades atadas a la percepción del arte, en cualquiera de sus expresiones, nos permiten acercarnos o alejarnos de las obras según nuestros propios parámetros, pero nadie tiene verdadero derecho de denominarlas como buenas o malas.

Así que este ejercicio se refiere más bien a lo que antes me gustó y ahora no, pero ni admiré el libro en principio, ni reniego de él ahora. Cambié, y por tanto, cambió la manera en la que me acerco a las cosas.

Cuando leí Paula, en algún momento entre 2002 y 2006 (lo sé porque aún vivía con mi padre), yo era otra. Empezaba a hacerme mujer, desde todos los puntos de vista. Empezaba a definir las posiciones que tomaría ante la mayoría de los aspectos vitales, pero aún era muy ingenua y muy insegura.

En aquel momento aún no me había contaminado de los prejuicios que hoy me alejan de los autores de Best Sellers. Todavía no era capaz de entender que una autora internacionalmente reconocida y alabada podía ser también un fiasco lleno de fórmulas comerciales.

Lloré leyendo Paula, porque la pobre Isabel sufrió mucho. Me escandalicé con muchas de las anécdotas, porque todavía tenía la capacidad de escandalizarme. Leí confiada lo que el mundo entero me decía que debía leer (al menos todas las vidrieras de Nacho y Tecniciencia me lo decían)

Pero hace poco limpié mi biblioteca por mudanza y deseché sin dolor mi copia de Paula. Lo veo ahora como un compilado de cursilerías y condescencia marketinero. No me pregunten ni porqué. De nuevo, las subjetividades.

No lo recomendaría a nadie. No me provoca leer más nada de ella, aunque sé que debería leer La casa de los espíritus. Es que la siento como una Delia Fiallo que se logró colear como literatura seria cuando debió quedarse en las páginas finales de la Cosmopolitan.

Sí, ya sé, que yo misma dije que no existe algo como la "literatura seria", pero ¿qué le voy a hacer?. Eso me pasa.

Si es por mi no la lean, hay mejores cosas allá afuera.


7.9.11

30 Libros. Día 14. Uno que haya odiado hace años y hoy admira.

Recomendamos, según la indicación correspondiente, un libro por día

Doña Bárbara. Rómulo Gallegos.



Mi edición de Doña Bárbara es, como la de María, una de esas para escolares. Con glosario y un epílogo con instrucciones para leer y "entender"la obra según les parece a los profesores de primaria.

No tengo idea de como llegó el libro de Isaacs a mi casa, pero el de Gallegos lo fui a comprar con mi mamá junto con el resto de la lista de útiles escolares. En la primera página en blanco del libro, que aún está en casa de mi mamá, se lee claramente en mi caligrafía infantil Estrella Araque, 6to "B". No sé porqué las comillas.

No recuerdo qué hice para aprobar castellano ese año, pero sí recuerdo que entrompé el libro a mis 11 años y no llegué ni a la mitad.

No entendía nada, me perdía entre los diálogos llenos de palabras desconocidas, cabeceaba intentando superar las catorce páginas que se gastaba Rómulo en describir los pantanos o las palmas de Altamira, desde el primer momento me cayó muy mal Santos Luzardo, y en general aborrecí la alharaca respecto a una supuesta obra maestra que yo encontraba aburridisíma.

Terminé el colegio sin tener mucha idea sobre la historia de la Domadora de hombres y comencé la universidad decidida y segurísima de estar estudiando lo correcto. La gente dice que para estudiar periodismo "hay que leer mucho", y yo con eso estaba muy cómoda.

Pero, ¡oh sorpresa!, entre mis primeras asignaciones universitarias se coló de nuevo la obra de Gallegos, y lo sentí como una afrenta. Una profesora de literatura que fumaba como chimenea (en el aula) y parecía odiar al mundo, nos indicó el primer día de clases que ese semestre leeríamos - entre otros- el libro odiado.

Lo dejé para el último momento, y esta vez ya mi léxico me dejaba leer y entender a pesar de que seguían estando las mismas palabrejas desconocidas en todos los diálogos. En la premura de tener que leer para un examen me volví a saltar muchas páginas descriptivas, pero llegué al final con una idea clara del argumento. Y en general no lo detesté, pero tampoco lo amé. Esto ocurría a mis 17 años.

Durante las vacaciones que pasé en la recién estrenada casa de mi madre el año pasado me encontré con un panorama medio desolador. Ahora mi hermana menor y ella trabajaban, por lo cual yo me quedaba horas y horas sola en casa, esperando que mi familia volviera de sus labores.

Las cosas aún estaban en cajas porque no había dado tiempo de desempacar todo, y una tarde larga y calurosa en la que creía enloquecer de fastidio me fijé que una de las cajas más accesibles en el patio decía L I B R O S, esto con la bonita caligrafía de mi mamá, y no lo pensé dos veces para ir y abrirla, decidida a ocuparme en algo distinto al zapping que venía practicando desde hacía dos semanas.

El primer libro que apareció fue este, la misma edición comprada más de 10 años atrás, con la tapa un poco rota y las hojas ya amarillas. Casi sin notarlo empecé a leer la historia otra vez, olvidando que había una caja llena de libros frente a mi. Libros que quizá aún no había leído. Fue raro.

Por primera vez, siendo la tercera vez, disfruté las anteriormente detestables descripciones. Le puse cara a Marisela, y me encanté con ella como si apenas me la estuvieran presentando. Reconocí en ella muchas cosas mías, y en Santos muchas cosas de las que buscamos casi todas las mujeres en un hombre.

Entendí a la Doña, por primera vez también. Y dos días después cerré el libro terminado con una sensación parecida a la vergüenza. ¿Cómo es posible que no me hubiera gustado este libro antes?.

6.9.11

30 Libros. Día 13. El primer libro que leyó en su vida.

Recomendamos, según la indicación correspondiente, un libro por día


María. Jorge Isaacs



Hasta ahora este había sido un ejercicio divertido, pero hoy ha sido particularmente esclarecedor. Tuve que hacer un esfuerzo significativo para recordar el primer libro "de verdad" que había leído. Cuando hice la lista inicial dejé este renglón en blanco esperando que llegara a mi el recuerdo.

Sé que lo primero que leí fue una serie de libros de (eran muchos) que en cada tomo agrupaban cuentos infantiles por tema. Cuentos de hadas, de animales, fábulas de Esopo, y varios más. Se llamaba Enciclopedia fantástica, o algo parecido, y estaban en la biblioteca de la casa de mis abuelos en Maturín, donde pasé varias vacaciones de mi infancia. Mi abuela2, la esposa de mi abuelo, era maestra de primaria, y tenía muchos libros para niños.

Pero exprimiendo mucho más mis neuronas, finalmente di con el primer-libro-de-gente-grande que leí entero. Este sí era de la biblioteca de mi casa. Y no sé cómo llegó allí. Era una edición barata, de esas para escolares, que tienen en la portada una representación en caricatura de los personajes de la historia.

María aparecía representada como una niña campesina, con una trenza en el pelo adornada con flores. Sólo recuerdo que la historia era muy triste pero me atrapó.

Hoy, haciendo la investigación previa a esta nota, releí el argumento y me quedé pasmada. Resulta que el primer libro de mi vida es una historia cursi y dramática como pocas. Una pobre mujer perdidamente enamorada de su primo, que la abandona para irse lejos.

Tiene que haber un elemento determinante aquí. La primera historia de amor que conocí en mi vida, más allá de la Sirenita o la Bella y la Bestia que ya dejan bastante para analizar, es esta de una mujer mal pegada, medio incestuosa y, con el perdón del Sr. Isaacs, medio pendeja.

Señores, yo no tendría más de 10 años cuando leí María. Mi madre y mi padre tendrían que haberme supervisado. ¡Miren en lo que me convirtieron con su descuido!. De aquí deben originarse todos mis problemas de amor.

Luego de esta epifanía sólo me queda advertirles, no dejen a sus hijas leer María. Al menos hasta que encuentren el amor en la vida real. Si se descuidan les pueden salir bien perturbaditas, capaz escritoras, actrices, artistas o algo de eso... pero pertubaditas igual.

31.8.11

30 Libros. Día 12. Una biografía.

Recomendamos, según la indicación correspondiente, un libro por día

John Lennon. Philip Norman.



La reseña de hoy es corta porque no es tal. Nunca he leído una biografía en mi vida, sin embargo, es bien sabida mi profunda admiración por todos los Beatles, así que la única biografía que me ha provocado leer en la vida es esta. Cada cierto tiempo me topo con alguna reseña y todas dicen lo mismo: que es la mejor biografía que se ha escrito jamás sobre el autor de Imagine.

Dicen los que saben, o los que hacen crítica, que Norman es el biógrafo más detallista, exhaustivo y ameno que ha pisado la tierra, y no hay quien pueda decir algo malo de la biblia de más de 800 páginas que escribió sobre John.

Como todos los libros que quiero y no puedo tener, lo edita Anagrama. Es insólita la forma en que la casa española se empeña en escoger a todos los autores que me gustan o me atraen, los edita y luego se burla de mi haciendo que cuesten precios impagables por mi bolsillo, o dejando que se agoten en cualquiera de las dos ciudades en las que he vivido.

Es entonces un anhelo esta falsa reseña. Por encontrar el libro alguna vez. Y porque pueda pagarlo. O porque algún alma caritativa lo compre para mi y me haga uno de los mejores regalos del mundo.






30 Libros. Día 11. Uno que lo haya motivado a visitar algún lugar

Recomendamos, según la indicación correspondiente, un libro por día


Bestiario. Julio Cortázar.




Ya he pedido disculpas varias veces haciendo este reto, hoy corresponde pedirlas por el monotema. Volvemos con Julito, aunque peque de lugarcomún, aunque de esta forma esté demostrando acá que no leo tanto como me gusta (hacer) creer.

La verdad es que acá valdría poner cualquiera de los libros de Cortázar, porque más que un libro es un autor lo que me motivó a visitar Buenos Aires (lo de mudarme vendría después, 30 segundos después de pisar la calle Corrientes).

A pesar de que ni nació ni murió aquí, y pasó casi la mitad de su vida en París, para mi (y para el mundo) Jules Florencio es argentino. Es cierto que cuando hablaba se le oían las erres francesas además de las doble eles argentas, pero no importa.

Leyendo sus cuentos es imposible que no te den ganas de venir a conocer a esta gente, de pasear sus calles, preferiblemente en otoño, de venirte a tomar un cortado en alguno de los tres mil cafés.

En estos meses de invierno, casi puedes confundir a alguno de los cientos de señores altísimos , barbudos y con sobretodos oscuros que caminan por acá, con el cronopio gigante. Especialmente porque hay lugares que parecen paralizados en el tiempo. Si los señorones llevan un cigarrillo en la mano, pues más.

Vengan a pasar un otoño en Buenos Aires, porque es lindísimo. Pero si no pueden venir pronto, lean Bestiario, o Todos los fuegos el fuego, va a ser casi como venir, pero un poco más barato. Lo juro.

28.8.11

30 Libros. Día 10. Uno con una pésima versión cinematográfica.

Recomendamos, según la indicación correspondiente, un libro por día




Llegar tarde tiene siempre sus desventajas, en este caso me refiero a que descuidé el diarismo de este reto y ya las chicas se encargaron de destrozar la película que estaba en mi lista para este día. Coincidimos todos entonces en que la peor adaptación al cine es El amor en los tiempos del cólera.

Como no voy a redundar y además ya ellas hicieron un excelente trabajo argumentando por qué aquello es un fiasco, les dejo hoy la que me parece la segunda peor adaptación.

Harry Potter y el misterio del príncipe es un libro demasiado largo, demasiado trascendental (sí, eso mismo que leen) y demasiado lleno de detalles como para pretender abarcarlo en dos películas. Una miniserie de 23 capítulos de una hora capaz alcanza. 4 horas no.

Es imposible no ir a ver las películas si ya te leíste los libros, así que este post es un poco sinsentido. Pero mi propuesta es a futuro, a nuestros hijos mantengámoslos alejados de los films. El día que cumplan 11 años entreguémosles el primer libro de Harry. A partir de allí, que lean a su ritmo, quizá los devoren todos antes de haber cumplido los 12, quizá se gasten la adolescencia leyéndo los siete tomos (como hicimos nosotros). Pero cero películas. Prohibidas.

Lamentablemente se perderán de una maravilla como la adaptación de Harry Potter y el prisionero de Azkaban, pero es el precio a pagar para evitarles la decepción de la penúltima entrega cinematográfica de la saga.

25.8.11

30 Libros. Día 9. Uno con una excelente versión cinematográfica

Recomendamos , según la indicación correspondiente, un libro por día.

Orgullo y prejuicio



Yo soy una jeva atípica, o al menos eso me gusta creer. A veces, aunque cada vez menos, pienso y actúo como hombre, doy consejos bastante alejados de lo que se espera de una mujer, no me gusta ser cursi -en público-, y me burlo de las mujeres que no sienten ninguna vergüenza en cambiar el tono de voz para hablarle "chiquito" al novio delante de los demás.

Sin embargo, como toda jeva, veo comedias románticas y sueño con encontrar un alma gemela. La diferencia está en que me molesta que la heroína tenga que sufrir en silencio hasta que el galán se decida, porque eso es lo que corresponde. Me encanta Notting Hill porque Ana se pone los pantalones, se va a la librería, agarra al tipo y le dice "soy solo una chica, parada en frente de un chico, pidiéndole que la ame". ¡Esa es la actitud!.

Ahora bien, lo mio con Orgullo y prejuicio es un tema aparte. Esta es una novela escrita cuando empezaba el siglo XIX, cuando una mujer tenía que publicar con seudónimo porque las mujeres no estaban para escribir libros. Todas las mujeres del libro están básicamente esperando que alguien se case con ellas para poder declararse realizadas, y para salvarse, porque ADEMÁS por ser mujeres no les corresponde herencia. Pero Elizabeth, su protagonista, es una jeva como yo.

No es que ella no quiera marido, ¡no señor!, ella sí quiere, pero a su manera. Quiere escogerlo por decisión propia, no que se lo impongan. Quiere que la respete y la deje decir lo que le de la gana. Y para colmo, quiere estar enamorada de él. O sea, ella quería el toddy bien frío y además unas papas fritas.

Debe ser por eso que me gusta tanto esta novela, aunque me niegue a aceptar mi propia cursilería. Jane Austen, la autora, tiene que haber sido un mujerón, y la respeto. También debe ser porque escribió un personaje con el que me puedo identificar, yo también soy prejuiciosa y altanera, y yo también he dicho "con ese? ni loca!", y luego termino enamorada como una tonta. ¿Ustedes no?

Es muy difícil que nos guste una película de la cual ya hemos leído un libro. Pero esta no tiene pérdida, aunque deben saber que me leí la novela después de ver la película.

No puede haber una mejor Lizzy Bennet que Keira Knightley. No puede haber un mejor Mister Darcy, básicamente porque nadie más que ese actor es capaz de hacernos odiar y luego amar con todas nuestras fuerzas (me cuenta IMDB que se llama Matthew Macfadyen).

Debo confesar que yo tengo un gusto particular por las películas de época. Todo lo que esté -bien- ambientado después del medioevo y hasta los 50 me llama la atención. Todo lo que mi cabeza hubiera podido imaginar leyendo el libro, los paisajes, los salones, las ropas y los modales, está genialmente adaptado en esta peli.

La historia de amor tiene un final feliz, pero no es tan típica como uno creería, y por eso me engancha. Así que, jevas y no tan jevas del mundo, lean esta novela. Y luego, si es que aún no la han visto, salgan corriendo a ver la película.



PS: una vez incluí la escena final de Lizzy y Mister Darcy en una lista de las escenas que más me gustan del cine. La luz, gente, la luz! No se la pierdan.

24.8.11

You make me feel like I am home

Comparar a la gente y a los lugares es el más vil de los autoflagelos. Esa es mi primera conclusión importante desde mi llegada a este puerto de locos.

¿Cómo se sienta uno frente a un block de notas a ennumerar atributos para escoger entre dos vidas? Ninguna decisión nos salva de la nostalgia, y entender eso es aterrador.

Salvarnos es lo que todos buscamos hasta sin buscar, o peor aún, que nos salven. Y cuando no pasa, que nunca pasa, duele aquí. Todos sabemos donde.

Allá nos salvamos de empezar de nuevo a catar gente, a tantear personalidades, a saltar desconfianzas. Pero acá esperan nuevos chances, otras mitades, sueños con nuevo color, nos salvamos de la rutina, de la repetición cansina (que luego vamos a extrañar).

Allá se queda el refugio seguro y maternal, ese regazo que nos recibe siempre, así tengamos mil años. Si es que la suerte nos deja ese privilegio. Pero acá buscamos calor en nuevas cuevas, espera el saborcito de victoria que siempre queda cuando se vencen obstáculos. Ese sentirnos grandes (y seguros) aunque seamos chiquitos (y nos tiemblen las patas de miedo).

Aquellos que quisimos-queremos, se quedan allá, aunque allá a veces sea demostrativo de tiempo y no de espacio. Y en todos los nuevos éstos, que no son aquellos, juramos que buscamos lo que se nos negó antes, pero en el fondo sabemos que no. En todos buscamos lo que amamos del anterior y, sin querer, comparamos y sufrimos. Nadie se va a reir de ese chiste otra vez. Ningún cuello va a oler como otro. Ninguna mano va a generar otra vez un corrientazo en tu cintura.

Y aunque un chiste nuevo haga brotar una carcajada -distinta pero igual-, un cuello nuevo huela mejor -o tal vez igual pero diferente-, y la mano que recién estrena nuestra cintura haga chispas un poco más arriba o más a la izquierda, se sigue comparando todo, para siempre, con todo.

Más si lo abandonado no fue tal. Si lo que les pasó no fue algo malo sino la purita vida y nada más.
Sigo balanceando pros y contras y en una lista ganan los contras de allá, y en la otra triunfan los pros de aquellos.

Es todo muy confuso pero yo me entiendo. Si ustedes no entienden es mejor. Trato de esconder siempre, aunque no se logre. La nostalgia no puede guardarse bajo llave porque empieza a oler, a sonar, a desbordarse. Por algún lado tenía que salir y fue este.



Como siempre digo cuando me arrepiento de mentira: sepan disculpar.


23.8.11

30 Libros. Día 8. Uno para leer por fragmentos

Recomendamos , según la indicación correspondiente, un libro por día.

Las mil y una noches



Algunos de los cuentos para niños más famosos del mundo están contenidos en esta obra descomunal que originalmente no estaba pensada para niños. Aladino y la lámpara maravillosa, y Alí Baba y los 40 ladrones son un par de buenos ejemplos.

Con el artículo de wikipedia a mano, les puedo contar hoy que este libro es una recopilación de cuentos árabes que utiliza la técnica del relato enmarcado, de esa forma quedo ante ustedes mucho más elegante que si se los explicara como es, pero todos sabemos que nunca ha sido mi intención aparentar elegancia en este blog así que traduzco: las mil y una noches es un libro de cuentos que empieza con un cuento dentro del cual uno de los personajes empieza a contar otro cuento, dentro del cual otro de los personajes echa otro cuento, y así sucesivamente, hasta que pierdes el hilo de cual era el primer cuento que te estaban echando. Pero eso sí, lo que nunca se pierde es el interés.

Hace como 10 años, unos tíos que vivían en una ciudad distinta a la de mi familia decidieron mudarse a donde nosotros vivíamos, y en el proceso de mudanza, en mi casa descansaron un montón de cajas que iban a estar ahí "por unos días", mientras mis tíos se terminaban de mudar. Como era de esperarse, las cajas en realidad se quedaron allí por años, hasta que mi propia familia se mudó de casa.

Lo bueno es que algunas de esas cajas contenían libros, y como ya les dije que mi biblioteca no estaba muy abastecida por esa época, fue una hermosa coincidencia que me cayeran del cielo un montón de nuevos libros para leer.

Sin mucha inducción, y sin pedir permiso, porque al fin y al cabo no estaba haciendo nada malo con leer libros, un día abrí una de las cajas y me puse a revisar los títulos. Me enganchó un libraco enorme y rojo, con letras doradas y arabescos en la portada que se titulaba "Las mil y una noches".

Ahí mismo arranqué a leer y me comí unas 100 páginas de un sólo tirón, hasta que apareció mi mamá encandilada y en pijama en la puerta de mi cuarto a decirme que eran las 2 de la mañana, que apagara la luz y me durmiera de una buena vez. Me quedé en la mitad de alguna aventura en alfombra voladora sobre el desierto, cerré el libro y me fui a dormir.

Si no hubiera sido por ella, es bastante probable que hubiera abandonado el libro ese día y hubiera empezado otro al día siguiente, entendiendo que tenía cajas y cajas de nuevos libros a mi disposición. Pero a la pobre, santa mujer, no se le ocurrió mejor cosa que regañarme, al día siguiente, cuando fue a revisar qué era eso que me había mantenido en vela la noche anterior y descubrió la copia del libro de cuentos.

Verán, alguien le dijo a ella que ese libro era como el kamasutra, supongo, así que ella me dijo a mi que ese libro no era para niños y que no lo leyera más. Ja! Todos sabemos lo que hice, ¿no?. Desde ese día aprovechaba cada momento de descuido para ir a buscar el libro a la sala y seguir leyendo los cuentos, buscando - casi sin éxito- "eso" prohibido que había en la historia.

La verdad es que sí hay algunas referencias eróticas en uno que otro cuento, y leyendo el libro fue que supe por primera vez en la vida qué era un eunuco. Pero más nada, así que me tocó una edición softcore, o mi madre se escandalizaba con poco en esos días.

No recuerdo si terminé de leerlo, porque es eterno. Pero sí sé que puede abrirse en cualquier página y agarrar cualquiera de los cuentos aunque no hayas leído el anterior o ya hayas leído los siguientes.

Yo acabo de enterarme por Wikipedia cómo termina Sherezade, que es la primera que empieza a contar cuentos, y para mi la historia ni gana ni pierde nada con saber el final, así de bueno será el recorrido.


21.8.11

30 libros. Día 7. Uno muy divertido.

Recomendamos , según la indicación correspondiente, un libro por día.

Más respeto, que soy tu madre, o Weblog de una mujer gorda



El Zacarías se colgó de Direct TV, haciendo un enredo en los techos de Schafetti, y ahora agarramos como ochentaisiete canales.

Lo bueno es que se pueden ver cintas que hasta hace un mes pasaban en los cines del centro, y lo malo es que hay un canal, el 52, que lo tenemos que pasar rapidito porque la Sofi está en la edad que se quiere enterar de todo.

Pero no todo podía ser felicidad. Este mediodía estábamos mirando un canal de documentales y al Caio no se le ocurre mejor cosa que decir que el porro es más sano que la tetrabrik: el Zacarías le dio un revés que le sacó sangre.

Está bien que mi marido es un bruto, yo no digo que no, pero el chico ¿qué necesidad tiene de buscarle roña al padre? Me dice la Emilia que es la edad: que cuando cumpla dieciocho se las toma y no le vemos más el pelo. La oiga Dios.



El libro más divertido de mi historia lo leí por partes, en internet, en una oficina que ya no me gustaba, escapándole a un trabajo que había dejado de hacerme feliz. Lo que leyeron arriba es el tercer capítulo.

Por esos días lo único que me quitaba las ganas de gritar y lanzarme por la ventana del piso 6 de esa torre de oficinas, era meterme de lleno en las aventuras diarias de una señora argentina graciosíma y madre de familia, que ocupaba sus tardes escribiendo una bitácora personal. Desde allí narraba las anécdotas de su familia mercedina y el día a día de los negocios, problemas familiares y demás actividades cotidianas, siempre en clave de humor y con sospechosa habilidad narrativa.

Pasado el tiempo se supo que la doña no existía, y su familia tampoco, y el que escribía los cuentos era un argentino desocupado que vivía en Barcelona y se le había ocurrido probar a escribir una historia, por capítulos, en primerísima (y falsa) persona, desde un blog.

Ahora los 200 capítulos de esa historia originalmente digital están editados como un libro, que se publicó en chorropotocientos países (menos Venezuela) y en muchos idiomas.

Así que aunque no consigan el libro, vayan al blog, les prometo que se van a reir a montones.
No importan los argentinismos (que además, a estas alturas ya están "traducidos") y tampoco importan algunas referencias culturales que capaz se nos escapan a nosotros los tropicales, en general es un humor universal y bien hecho, y cualquiera puede leerlo.

Algunas veces era tal el ataque de risa que me agarraba que mi jefa volteaba con mirada represora a ver en que cosas estaba ocupando mi tiempo, estaba claro que ninguna de mis responsabilidades era tan cómica como para hacerme carcajear. Luego, en una reunión de estatus, poco antes de que renunciara, me reprendieron por usar el tiempo del trabajo en leer "páginas de chistes". Incultos todos.

Este libro / blog lo recomiendo con vehemencia, igual que el resto de las cosas que ha escrito este señor, porque creo firmemente que la literatura no tiene que ser siempre una cosa formal y solemne, restringida a los que se saben palabras grandotas. También puede ser algo más cercano a lo que nos contamos todos los días, con palabrotas (que no es lo mismo que palabras grandotas) y gente que parece de verdad, como Mirta Bertotti, la protagonista.

Vayan y lean, pero si lo hacen desde el trabajo procuren no reirse muy duro, a menos que ya estén pensando en renunciar, como yo.



El libro más divertido que he leído me lo recomendó el tipo más divertido que conozco, y cada vez que tenga un chance le agradeceré con efusividad y públicamente el haberme presentado a uno de mis autores favoritos de todo el mundo mundial.
Por eso esta edición de mis #30libros, va dedicada a mi negri :)
Aunque no soporte las melcocherías y las caritas felices, que se lo aguante.
Bastantes cosas insoportables tiene él y de todas formas lo quiero