5.5.12
El odio de los míos
21.3.12
Una pelotuda importante
Desde que publico en este blog, y desde que leo muchos otros, noto como los comentarios vienen en avalancha cuando se habla de desamor, de rabia, de tristeza o de decepción, como si fuera mucho más fácil conectarse con la bronca o intentar un consuelo inútil con unos pocos caracteres.
No puedo recordar ningún blog que se haya hecho popular - escribiendo relatos personales- que haga foco en la vida feliz en pareja, o en la dicha de ser soltero, o sobre lo bonito que es despertarse cada mañana para sentir el calor de un nuevo día.
El punch siempre está en la anécdota tragicómica, en la catarsis pendenciera o en el desahogo casi suicida. Póngase a ver, ¿acaso no los atrapa más un texto violento? ¿uno donde se mande a la mierda a alguien? ¿uno donde haya mucha puteada bien administrada?. A mi sí, y capaz es mi problema.
Pero es por eso que hasta hoy me he contenido de escribir sobre lo feliz que me estoy despertando a la mañana o lo bonito que suena el mundo justo después de escuchar su voz.
Después de años de sacarle provecho literario - según yo- a mi eterna soltería, no me hayo contándoles que cuando me detengo frente a mi reflejo en algún espejo tengo una cara de pelotuda importante, y casi casi puedo ver mis pupilas en forma de corazones.
¿Notaron que escribí pelotuda?, también por eso me estoy guardando, es que tengo miedo que mis lectores (?) de siempre caigan en cuenta de que me rendí a la jerga de estas latitudes, principalmente para que él pueda entenderme mejor. Aunque le encanten mis venezolanadas que casi nunca entiende.
Releo algunos textos de antaño, y noto como la prosa me salía más bonita - según yo- cada vez que me rompían el corazón. Ustedes no tienen por qué saberlo, pero cada uno de esos textos desgarrados que publiqué intentando sanarme alguna herida tiene nombre y apellido, nombre de hombre que no me dio bola o al que no quise darle bola yo.
Desde hace un tiempo sólo se me ocurre contarles que encontré alguien que me mira como si no existiera nadie más, que se enfrenta a mi melena fuera de control por las mañanas y todavía es capaz de decir que cuando me despierto me veo hermosa. Imagínense, YO escribiendo bajo la cursi e insoportable influencia del enamoramiento. Díganme si no es casi una afrenta.
Sigo sin poder escuchar a Diego Torres cantando pavadas, pero ahora hay una minúscula parte de mi, una que oculto y mantengo bajo llave, que le cree sin remedio cuando nos manda a pintarnos la cara color esperanza.
Ya sé que es terrible esto que les cuento, y les prometo evitar a toda costa seguir escuchando semejantes cursiladas. Pero una cosa sí les digo: es 2012, chicos, y esta debe ser sólo otra señal del apocalipsis.
6.12.11
Pruebas
Todo bien con el borrachín, un bar sin borrachos no es un bar, o en todo caso es un bar de mierda.
Antes de esa gran prueba final ya habíamos tenido un parcial difícil, otro borracho, pero de la especie pesadus babosus, de esos que persiguen a todas las mujeres presentes diciendo impertinencias morbosas - aunque este al menos era gracioso, debe reconocérsele -. Era un viejito jodedor, con voz carrasposa y un desagradable tic nervioso, hablaba relamiéndose cada dos palabras.
A mi me abordó justo al lado de la biblioteca donde estaba paradita esperando a los posibles compradores de libros o revistas, me pidió que nos tomáramos una foto, y yo, ingenua, le dije que sí por cortesía. "Bueno, vamo a casa que ashá tengo la cámara", me dijo. Un genio, el abuelo.
Como siempre pasa, también tuvimos un examen reprobado, cuando una mesa demasiado exigente devolvió un plato porque el salame tenía - según ellos- un color "raro". Igual creemos, como todos los estudiantes, que no fue culpa nuestra sino que el que examinaba estaba predipuesto y con ganas de joder el parque, antes del incidente nadie había tenido nada para decir en contra del mencionado embutido, salvo odas y alabanzas. Además, se les notaba que habían caído de casualidad, porque ningún lector Orsai se atrevería a hacerle el feo al famosísimo salame mercedino.
Finalmente, como en todos los cursos de alto nivel, la semana pasada aprobamos el test de inglés. Un gringo gigante y muy rubio, con los brazos y las piernas llenos de tatuajes, y una melena platinada que le llegaba casi a la cintura se acercó a preguntarnos sobre esas hermosas revistas que se mostraban en la biblioteca. "I'm an artist, me dijo, and though I can't read spanish I think the art work is awesome". ¿Quien ilustra las notas?, fue su pregunta inicial, y obviamente hubo que echarle el cuento (en inglés) desde el mismísimo principio de los tiempos, casi que desde cuando Casciari iba al jardín y aprendía a leer y a escribir.
Veinte o veinticinco minutos más tarde, luego de varios "wow!" y otros "can't believe it", el gringo se marchó contento, con una revista que no podía leer bajo el brazo y proclamándose el nuevo fan número uno de Casciari, Orsai, el bar y los argentinos.
No les voy a mentir, se siente bien bonito ser mensajero de este disparate, por la calle hay mucho loco, pero de vez en cuando resultan ser locos lindos.
27.11.11
La dinámica suele ser siempre la misma con ellos, el lector Orsai entra al bar como si fuera habitué, aunque sea la primera vez que lo visita, va directo a la biblioteca, toma el libro o el número de la revista que prefiere y se sienta en la mesa más fresca y más iluminada que encuentra desocupada. A veces ni siquiera ven el menú, ya saben qué trae la picada mercedina y si no tienen hambre se piden una cerveza o un fernet que luego toman de a sorbitos, muy concentrados en lo que leen.
En cambio, los que caen sin saber nada, sólo porque al pasar les pareció que este era el bar más bonito, se fijan en la biblioteca una vez que se han sentado, o después de ver que el menú, además de picadas y tragos ofrece libros y revistas.
Yo obviamente prefiero a los de la congregación, pero se sabe que soy bastante sectaria. También se sabe que soy bastante egocéntrica, entonces mi más favoritos son los que además de leer Orsai me reconocen como la moza-tuitera y me llaman por mi alias. Es que se oye muy bonito cuando preguntan si soy laperfecta.
Los que se sientan a leer se diferencian unos de otros por la magnitud de la sonrisa. El que lee alguna revista a veces tiene una expresión relajada, casi siempre dejan escapar una sonrisita de esas que tuercen la comisura de la boca cuando llegan al pie de página.
El que lee el libro del gordo se rie ya con todos los dientes, cada página y media aproximadamente, a veces es más. Nunca menos.
Y desde que llegaron los libros de Playo cada tanto alguien suelta una carcajada completa, que si es temprano y aún no se ha llenado el bar rebota en las paredes y nos hace dar la vuelta para ver al que ríe. Al parecer tenían razón los que me decían que los cordobeses son los argentinos más divertidos.
Cada semana llegan más libros, algunos de cuentos y otros de poemas, así que seguramente empezaré a ver gente que suspira, capaz alguno que llora. Para esos me estoy preparando con un vino cortesía de la casa, porque no se puede dejar sin copa a uno que llora leyendo un poema, es casi un derecho humano.
Hasta ahora no pasa un día sin que haya al menos uno leyendo en el bar, y no saben lo contenta que estoy, se siente casi como estar en casa.
31.10.11
Señores pasajeros, este vuelo saldrá según lo previsto
El plan va saliendo según lo previsto, y creo que imaginan la tranquilidad que me produce poder sentarme frente a esta máquina y tipear esa frase, sintiendo que las cosas están en el punto en el que calculé que debían estar.
Cuando uno hace planes sólo puede acercarse a lo que quiere que suceda, orientarse más o menos hacia el destino que le parece que podría funcionar y luego lanzarse de cabeza cruzando los dedos para que el universo no se atraviese demasiado entre nosotros y eso que (creemos que) queremos.
Yo sabía que quería salir de Caracas. Sabía que quería vivir las cuatro estaciones. Sabía que la mejor excusa era estudiar un posgrado que me gustara, y sabía que Buenos Aires me había conquistado en nueve días en mis últimas vacaciones.
Lo que no sabía era que iba a conseguir un departamento en el barrio adecuado, que iba a poder caminar a la universidad desde casa y que el dinero ahorrado iba a alcanzar. Tampoco sabía que mi sentido común (y el de la orientación) me iba a dejar moverme en una ciudad sin Ávila con tanta comodidad.
Ni siquiera soñé que la vida se iba a alinear para que varios buenos amigos coincidieran conmigo en el mismo punto del mapamundi para hacerme sentir desde el día uno como en casa.
Y, finalmente, ni en mis días más optimistas imaginé que llegado el momento de buscar trabajo, esta ciudad tendría para ofrecerme una opción casi idéntica a la que yo estaba buscando.
Verán, cuando la gente me atacaba a preguntas sobre el futuro hace siete meses yo sólo podía responder "no sé, quiero pasarme unos meses en paz, y luego buscar algo para hacer que no tenga nada que ver con lo que hago ahora... quizá trabajar en un bar, quizá en una librería chiquita como las que vi en San Telmo cuando fui, eso suena como un buen plan para empezar".
Para los optimistas que creen en la filosofía de "El Secreto" y todas esas cosas, mis respetos. No sé cómo lo hice, pero de puro quererlo logré que un señor que escribía cuentos desde el otro lado del charco se sentara un día con sus amigos y decidiera abrir un bar literario en San Telmo, también que llamaran a los interesados en participar a presentarse para entrevistas por internet, y finalmente que me contrataran como moza del lugar. Todo, dentro de los tiempos que yo misma había calculado. Comencé a trabajar el jueves, exactamente a los seis meses y diecisiete días de mi llegada a Buenos Aires.
El bar, por si todavía no se lo imaginan, se llama Orsai y es parte del proyecto que incluye a ESTE blog que les estoy recomendado desde hace años, y ESTA revista literaria que se empezó a vender en enero de este año y que ya lleva cuatro ediciones (una mejor que la otra).
En esta página de Facebook pueden ir a chusmear fotos del bar y los comentarios de los primeros cuatro días de inauguración. En Orsai, como siempre, podrán ir leyendo sobre el avance de la revista y sus próximos números, y todo lo que el gordo decida contar. (Sí, "el gordo", porque ahora tenemos confianza y todo eso, ustedes saben, somos compañeros de trabajo).
Y aqui podrán leer, desde hoy y quien sabe hasta cuando (y quien sabe con qué periodicidad) lo que una de las mozas (o sea, yo) puede contarles. Nunca tan bonito como lo que escribe Casciari, claro está, pero quizá más entretenido. Todo el mundo sabe que lo mejor de la fiesta siempre pasa en la cocina ¿ o no?.
22.9.11
30 Libros. Día 15. Uno que haya amado hace años y del que hoy reniega.
Así que este ejercicio se refiere más bien a lo que antes me gustó y ahora no, pero ni admiré el libro en principio, ni reniego de él ahora. Cambié, y por tanto, cambió la manera en la que me acerco a las cosas.
Cuando leí Paula, en algún momento entre 2002 y 2006 (lo sé porque aún vivía con mi padre), yo era otra. Empezaba a hacerme mujer, desde todos los puntos de vista. Empezaba a definir las posiciones que tomaría ante la mayoría de los aspectos vitales, pero aún era muy ingenua y muy insegura.
En aquel momento aún no me había contaminado de los prejuicios que hoy me alejan de los autores de Best Sellers. Todavía no era capaz de entender que una autora internacionalmente reconocida y alabada podía ser también un fiasco lleno de fórmulas comerciales.
Lloré leyendo Paula, porque la pobre Isabel sufrió mucho. Me escandalicé con muchas de las anécdotas, porque todavía tenía la capacidad de escandalizarme. Leí confiada lo que el mundo entero me decía que debía leer (al menos todas las vidrieras de Nacho y Tecniciencia me lo decían)
Pero hace poco limpié mi biblioteca por mudanza y deseché sin dolor mi copia de Paula. Lo veo ahora como un compilado de cursilerías y condescencia marketinero. No me pregunten ni porqué. De nuevo, las subjetividades.
No lo recomendaría a nadie. No me provoca leer más nada de ella, aunque sé que debería leer La casa de los espíritus. Es que la siento como una Delia Fiallo que se logró colear como literatura seria cuando debió quedarse en las páginas finales de la Cosmopolitan.
Sí, ya sé, que yo misma dije que no existe algo como la "literatura seria", pero ¿qué le voy a hacer?. Eso me pasa.
Si es por mi no la lean, hay mejores cosas allá afuera.
7.9.11
30 Libros. Día 14. Uno que haya odiado hace años y hoy admira.
No tengo idea de como llegó el libro de Isaacs a mi casa, pero el de Gallegos lo fui a comprar con mi mamá junto con el resto de la lista de útiles escolares. En la primera página en blanco del libro, que aún está en casa de mi mamá, se lee claramente en mi caligrafía infantil Estrella Araque, 6to "B". No sé porqué las comillas.
No recuerdo qué hice para aprobar castellano ese año, pero sí recuerdo que entrompé el libro a mis 11 años y no llegué ni a la mitad.
No entendía nada, me perdía entre los diálogos llenos de palabras desconocidas, cabeceaba intentando superar las catorce páginas que se gastaba Rómulo en describir los pantanos o las palmas de Altamira, desde el primer momento me cayó muy mal Santos Luzardo, y en general aborrecí la alharaca respecto a una supuesta obra maestra que yo encontraba aburridisíma.
Terminé el colegio sin tener mucha idea sobre la historia de la Domadora de hombres y comencé la universidad decidida y segurísima de estar estudiando lo correcto. La gente dice que para estudiar periodismo "hay que leer mucho", y yo con eso estaba muy cómoda.
Pero, ¡oh sorpresa!, entre mis primeras asignaciones universitarias se coló de nuevo la obra de Gallegos, y lo sentí como una afrenta. Una profesora de literatura que fumaba como chimenea (en el aula) y parecía odiar al mundo, nos indicó el primer día de clases que ese semestre leeríamos - entre otros- el libro odiado.
Lo dejé para el último momento, y esta vez ya mi léxico me dejaba leer y entender a pesar de que seguían estando las mismas palabrejas desconocidas en todos los diálogos. En la premura de tener que leer para un examen me volví a saltar muchas páginas descriptivas, pero llegué al final con una idea clara del argumento. Y en general no lo detesté, pero tampoco lo amé. Esto ocurría a mis 17 años.
Durante las vacaciones que pasé en la recién estrenada casa de mi madre el año pasado me encontré con un panorama medio desolador. Ahora mi hermana menor y ella trabajaban, por lo cual yo me quedaba horas y horas sola en casa, esperando que mi familia volviera de sus labores.
Las cosas aún estaban en cajas porque no había dado tiempo de desempacar todo, y una tarde larga y calurosa en la que creía enloquecer de fastidio me fijé que una de las cajas más accesibles en el patio decía L I B R O S, esto con la bonita caligrafía de mi mamá, y no lo pensé dos veces para ir y abrirla, decidida a ocuparme en algo distinto al zapping que venía practicando desde hacía dos semanas.
El primer libro que apareció fue este, la misma edición comprada más de 10 años atrás, con la tapa un poco rota y las hojas ya amarillas. Casi sin notarlo empecé a leer la historia otra vez, olvidando que había una caja llena de libros frente a mi. Libros que quizá aún no había leído. Fue raro.
Por primera vez, siendo la tercera vez, disfruté las anteriormente detestables descripciones. Le puse cara a Marisela, y me encanté con ella como si apenas me la estuvieran presentando. Reconocí en ella muchas cosas mías, y en Santos muchas cosas de las que buscamos casi todas las mujeres en un hombre.
Entendí a la Doña, por primera vez también. Y dos días después cerré el libro terminado con una sensación parecida a la vergüenza. ¿Cómo es posible que no me hubiera gustado este libro antes?.
6.9.11
30 Libros. Día 13. El primer libro que leyó en su vida.
María. Jorge Isaacs
Sé que lo primero que leí fue una serie de libros de (eran muchos) que en cada tomo agrupaban cuentos infantiles por tema. Cuentos de hadas, de animales, fábulas de Esopo, y varios más. Se llamaba Enciclopedia fantástica, o algo parecido, y estaban en la biblioteca de la casa de mis abuelos en Maturín, donde pasé varias vacaciones de mi infancia. Mi abuela2, la esposa de mi abuelo, era maestra de primaria, y tenía muchos libros para niños.
Pero exprimiendo mucho más mis neuronas, finalmente di con el primer-libro-de-gente-grande que leí entero. Este sí era de la biblioteca de mi casa. Y no sé cómo llegó allí. Era una edición barata, de esas para escolares, que tienen en la portada una representación en caricatura de los personajes de la historia.
María aparecía representada como una niña campesina, con una trenza en el pelo adornada con flores. Sólo recuerdo que la historia era muy triste pero me atrapó.
Hoy, haciendo la investigación previa a esta nota, releí el argumento y me quedé pasmada. Resulta que el primer libro de mi vida es una historia cursi y dramática como pocas. Una pobre mujer perdidamente enamorada de su primo, que la abandona para irse lejos.
Tiene que haber un elemento determinante aquí. La primera historia de amor que conocí en mi vida, más allá de la Sirenita o la Bella y la Bestia que ya dejan bastante para analizar, es esta de una mujer mal pegada, medio incestuosa y, con el perdón del Sr. Isaacs, medio pendeja.
Señores, yo no tendría más de 10 años cuando leí María. Mi madre y mi padre tendrían que haberme supervisado. ¡Miren en lo que me convirtieron con su descuido!. De aquí deben originarse todos mis problemas de amor.
Luego de esta epifanía sólo me queda advertirles, no dejen a sus hijas leer María. Al menos hasta que encuentren el amor en la vida real. Si se descuidan les pueden salir bien perturbaditas, capaz escritoras, actrices, artistas o algo de eso... pero pertubaditas igual.
31.8.11
30 Libros. Día 12. Una biografía.
Dicen los que saben, o los que hacen crítica, que Norman es el biógrafo más detallista, exhaustivo y ameno que ha pisado la tierra, y no hay quien pueda decir algo malo de la biblia de más de 800 páginas que escribió sobre John.
Como todos los libros que quiero y no puedo tener, lo edita Anagrama. Es insólita la forma en que la casa española se empeña en escoger a todos los autores que me gustan o me atraen, los edita y luego se burla de mi haciendo que cuesten precios impagables por mi bolsillo, o dejando que se agoten en cualquiera de las dos ciudades en las que he vivido.
Es entonces un anhelo esta falsa reseña. Por encontrar el libro alguna vez. Y porque pueda pagarlo. O porque algún alma caritativa lo compre para mi y me haga uno de los mejores regalos del mundo.
30 Libros. Día 11. Uno que lo haya motivado a visitar algún lugar
Bestiario. Julio Cortázar.
Ya he pedido disculpas varias veces haciendo este reto, hoy corresponde pedirlas por el monotema. Volvemos con Julito, aunque peque de lugarcomún, aunque de esta forma esté demostrando acá que no leo tanto como me gusta (hacer) creer.
La verdad es que acá valdría poner cualquiera de los libros de Cortázar, porque más que un libro es un autor lo que me motivó a visitar Buenos Aires (lo de mudarme vendría después, 30 segundos después de pisar la calle Corrientes).
A pesar de que ni nació ni murió aquí, y pasó casi la mitad de su vida en París, para mi (y para el mundo) Jules Florencio es argentino. Es cierto que cuando hablaba se le oían las erres francesas además de las doble eles argentas, pero no importa.
Leyendo sus cuentos es imposible que no te den ganas de venir a conocer a esta gente, de pasear sus calles, preferiblemente en otoño, de venirte a tomar un cortado en alguno de los tres mil cafés.
En estos meses de invierno, casi puedes confundir a alguno de los cientos de señores altísimos , barbudos y con sobretodos oscuros que caminan por acá, con el cronopio gigante. Especialmente porque hay lugares que parecen paralizados en el tiempo. Si los señorones llevan un cigarrillo en la mano, pues más.
Vengan a pasar un otoño en Buenos Aires, porque es lindísimo. Pero si no pueden venir pronto, lean Bestiario, o Todos los fuegos el fuego, va a ser casi como venir, pero un poco más barato. Lo juro.
28.8.11
30 Libros. Día 10. Uno con una pésima versión cinematográfica.
Como no voy a redundar y además ya ellas hicieron un excelente trabajo argumentando por qué aquello es un fiasco, les dejo hoy la que me parece la segunda peor adaptación.
Harry Potter y el misterio del príncipe es un libro demasiado largo, demasiado trascendental (sí, eso mismo que leen) y demasiado lleno de detalles como para pretender abarcarlo en dos películas. Una miniserie de 23 capítulos de una hora capaz alcanza. 4 horas no.
Es imposible no ir a ver las películas si ya te leíste los libros, así que este post es un poco sinsentido. Pero mi propuesta es a futuro, a nuestros hijos mantengámoslos alejados de los films. El día que cumplan 11 años entreguémosles el primer libro de Harry. A partir de allí, que lean a su ritmo, quizá los devoren todos antes de haber cumplido los 12, quizá se gasten la adolescencia leyéndo los siete tomos (como hicimos nosotros). Pero cero películas. Prohibidas.
Lamentablemente se perderán de una maravilla como la adaptación de Harry Potter y el prisionero de Azkaban, pero es el precio a pagar para evitarles la decepción de la penúltima entrega cinematográfica de la saga.
25.8.11
30 Libros. Día 9. Uno con una excelente versión cinematográfica
Sin embargo, como toda jeva, veo comedias románticas y sueño con encontrar un alma gemela. La diferencia está en que me molesta que la heroína tenga que sufrir en silencio hasta que el galán se decida, porque eso es lo que corresponde. Me encanta Notting Hill porque Ana se pone los pantalones, se va a la librería, agarra al tipo y le dice "soy solo una chica, parada en frente de un chico, pidiéndole que la ame". ¡Esa es la actitud!.
Ahora bien, lo mio con Orgullo y prejuicio es un tema aparte. Esta es una novela escrita cuando empezaba el siglo XIX, cuando una mujer tenía que publicar con seudónimo porque las mujeres no estaban para escribir libros. Todas las mujeres del libro están básicamente esperando que alguien se case con ellas para poder declararse realizadas, y para salvarse, porque ADEMÁS por ser mujeres no les corresponde herencia. Pero Elizabeth, su protagonista, es una jeva como yo.
No es que ella no quiera marido, ¡no señor!, ella sí quiere, pero a su manera. Quiere escogerlo por decisión propia, no que se lo impongan. Quiere que la respete y la deje decir lo que le de la gana. Y para colmo, quiere estar enamorada de él. O sea, ella quería el toddy bien frío y además unas papas fritas.
Debe ser por eso que me gusta tanto esta novela, aunque me niegue a aceptar mi propia cursilería. Jane Austen, la autora, tiene que haber sido un mujerón, y la respeto. También debe ser porque escribió un personaje con el que me puedo identificar, yo también soy prejuiciosa y altanera, y yo también he dicho "con ese? ni loca!", y luego termino enamorada como una tonta. ¿Ustedes no?
Es muy difícil que nos guste una película de la cual ya hemos leído un libro. Pero esta no tiene pérdida, aunque deben saber que me leí la novela después de ver la película.
No puede haber una mejor Lizzy Bennet que Keira Knightley. No puede haber un mejor Mister Darcy, básicamente porque nadie más que ese actor es capaz de hacernos odiar y luego amar con todas nuestras fuerzas (me cuenta IMDB que se llama Matthew Macfadyen).
Debo confesar que yo tengo un gusto particular por las películas de época. Todo lo que esté -bien- ambientado después del medioevo y hasta los 50 me llama la atención. Todo lo que mi cabeza hubiera podido imaginar leyendo el libro, los paisajes, los salones, las ropas y los modales, está genialmente adaptado en esta peli.
La historia de amor tiene un final feliz, pero no es tan típica como uno creería, y por eso me engancha. Así que, jevas y no tan jevas del mundo, lean esta novela. Y luego, si es que aún no la han visto, salgan corriendo a ver la película.
PS: una vez incluí la escena final de Lizzy y Mister Darcy en una lista de las escenas que más me gustan del cine. La luz, gente, la luz! No se la pierdan.
24.8.11
You make me feel like I am home
¿Cómo se sienta uno frente a un block de notas a ennumerar atributos para escoger entre dos vidas? Ninguna decisión nos salva de la nostalgia, y entender eso es aterrador.
Salvarnos es lo que todos buscamos hasta sin buscar, o peor aún, que nos salven. Y cuando no pasa, que nunca pasa, duele aquí. Todos sabemos donde.
Allá nos salvamos de empezar de nuevo a catar gente, a tantear personalidades, a saltar desconfianzas. Pero acá esperan nuevos chances, otras mitades, sueños con nuevo color, nos salvamos de la rutina, de la repetición cansina (que luego vamos a extrañar).
Aquellos que quisimos-queremos, se quedan allá, aunque allá a veces sea demostrativo de tiempo y no de espacio. Y en todos los nuevos éstos, que no son aquellos, juramos que buscamos lo que se nos negó antes, pero en el fondo sabemos que no. En todos buscamos lo que amamos del anterior y, sin querer, comparamos y sufrimos. Nadie se va a reir de ese chiste otra vez. Ningún cuello va a oler como otro. Ninguna mano va a generar otra vez un corrientazo en tu cintura.
Y aunque un chiste nuevo haga brotar una carcajada -distinta pero igual-, un cuello nuevo huela mejor -o tal vez igual pero diferente-, y la mano que recién estrena nuestra cintura haga chispas un poco más arriba o más a la izquierda, se sigue comparando todo, para siempre, con todo.
Más si lo abandonado no fue tal. Si lo que les pasó no fue algo malo sino la purita vida y nada más.
Sigo balanceando pros y contras y en una lista ganan los contras de allá, y en la otra triunfan los pros de aquellos.
Es todo muy confuso pero yo me entiendo. Si ustedes no entienden es mejor. Trato de esconder siempre, aunque no se logre. La nostalgia no puede guardarse bajo llave porque empieza a oler, a sonar, a desbordarse. Por algún lado tenía que salir y fue este.
Como siempre digo cuando me arrepiento de mentira: sepan disculpar.
23.8.11
30 Libros. Día 8. Uno para leer por fragmentos
Con el artículo de wikipedia a mano, les puedo contar hoy que este libro es una recopilación de cuentos árabes que utiliza la técnica del relato enmarcado, de esa forma quedo ante ustedes mucho más elegante que si se los explicara como es, pero todos sabemos que nunca ha sido mi intención aparentar elegancia en este blog así que traduzco: las mil y una noches es un libro de cuentos que empieza con un cuento dentro del cual uno de los personajes empieza a contar otro cuento, dentro del cual otro de los personajes echa otro cuento, y así sucesivamente, hasta que pierdes el hilo de cual era el primer cuento que te estaban echando. Pero eso sí, lo que nunca se pierde es el interés.
Hace como 10 años, unos tíos que vivían en una ciudad distinta a la de mi familia decidieron mudarse a donde nosotros vivíamos, y en el proceso de mudanza, en mi casa descansaron un montón de cajas que iban a estar ahí "por unos días", mientras mis tíos se terminaban de mudar. Como era de esperarse, las cajas en realidad se quedaron allí por años, hasta que mi propia familia se mudó de casa.
Lo bueno es que algunas de esas cajas contenían libros, y como ya les dije que mi biblioteca no estaba muy abastecida por esa época, fue una hermosa coincidencia que me cayeran del cielo un montón de nuevos libros para leer.
Sin mucha inducción, y sin pedir permiso, porque al fin y al cabo no estaba haciendo nada malo con leer libros, un día abrí una de las cajas y me puse a revisar los títulos. Me enganchó un libraco enorme y rojo, con letras doradas y arabescos en la portada que se titulaba "Las mil y una noches".
Ahí mismo arranqué a leer y me comí unas 100 páginas de un sólo tirón, hasta que apareció mi mamá encandilada y en pijama en la puerta de mi cuarto a decirme que eran las 2 de la mañana, que apagara la luz y me durmiera de una buena vez. Me quedé en la mitad de alguna aventura en alfombra voladora sobre el desierto, cerré el libro y me fui a dormir.
Si no hubiera sido por ella, es bastante probable que hubiera abandonado el libro ese día y hubiera empezado otro al día siguiente, entendiendo que tenía cajas y cajas de nuevos libros a mi disposición. Pero a la pobre, santa mujer, no se le ocurrió mejor cosa que regañarme, al día siguiente, cuando fue a revisar qué era eso que me había mantenido en vela la noche anterior y descubrió la copia del libro de cuentos.
Verán, alguien le dijo a ella que ese libro era como el kamasutra, supongo, así que ella me dijo a mi que ese libro no era para niños y que no lo leyera más. Ja! Todos sabemos lo que hice, ¿no?. Desde ese día aprovechaba cada momento de descuido para ir a buscar el libro a la sala y seguir leyendo los cuentos, buscando - casi sin éxito- "eso" prohibido que había en la historia.
La verdad es que sí hay algunas referencias eróticas en uno que otro cuento, y leyendo el libro fue que supe por primera vez en la vida qué era un eunuco. Pero más nada, así que me tocó una edición softcore, o mi madre se escandalizaba con poco en esos días.
No recuerdo si terminé de leerlo, porque es eterno. Pero sí sé que puede abrirse en cualquier página y agarrar cualquiera de los cuentos aunque no hayas leído el anterior o ya hayas leído los siguientes.
Yo acabo de enterarme por Wikipedia cómo termina Sherezade, que es la primera que empieza a contar cuentos, y para mi la historia ni gana ni pierde nada con saber el final, así de bueno será el recorrido.
21.8.11
30 libros. Día 7. Uno muy divertido.
El Zacarías se colgó de Direct TV, haciendo un enredo en los techos de Schafetti, y ahora agarramos como ochentaisiete canales.
Lo bueno es que se pueden ver cintas que hasta hace un mes pasaban en los cines del centro, y lo malo es que hay un canal, el 52, que lo tenemos que pasar rapidito porque la Sofi está en la edad que se quiere enterar de todo.
Pero no todo podía ser felicidad. Este mediodía estábamos mirando un canal de documentales y al Caio no se le ocurre mejor cosa que decir que el porro es más sano que la tetrabrik: el Zacarías le dio un revés que le sacó sangre.
Está bien que mi marido es un bruto, yo no digo que no, pero el chico ¿qué necesidad tiene de buscarle roña al padre? Me dice la Emilia que es la edad: que cuando cumpla dieciocho se las toma y no le vemos más el pelo. La oiga Dios.
Por esos días lo único que me quitaba las ganas de gritar y lanzarme por la ventana del piso 6 de esa torre de oficinas, era meterme de lleno en las aventuras diarias de una señora argentina graciosíma y madre de familia, que ocupaba sus tardes escribiendo una bitácora personal. Desde allí narraba las anécdotas de su familia mercedina y el día a día de los negocios, problemas familiares y demás actividades cotidianas, siempre en clave de humor y con sospechosa habilidad narrativa.
Pasado el tiempo se supo que la doña no existía, y su familia tampoco, y el que escribía los cuentos era un argentino desocupado que vivía en Barcelona y se le había ocurrido probar a escribir una historia, por capítulos, en primerísima (y falsa) persona, desde un blog.
Ahora los 200 capítulos de esa historia originalmente digital están editados como un libro, que se publicó en chorropotocientos países (menos Venezuela) y en muchos idiomas.
Así que aunque no consigan el libro, vayan al blog, les prometo que se van a reir a montones.
No importan los argentinismos (que además, a estas alturas ya están "traducidos") y tampoco importan algunas referencias culturales que capaz se nos escapan a nosotros los tropicales, en general es un humor universal y bien hecho, y cualquiera puede leerlo.
Algunas veces era tal el ataque de risa que me agarraba que mi jefa volteaba con mirada represora a ver en que cosas estaba ocupando mi tiempo, estaba claro que ninguna de mis responsabilidades era tan cómica como para hacerme carcajear. Luego, en una reunión de estatus, poco antes de que renunciara, me reprendieron por usar el tiempo del trabajo en leer "páginas de chistes". Incultos todos.
Este libro / blog lo recomiendo con vehemencia, igual que el resto de las cosas que ha escrito este señor, porque creo firmemente que la literatura no tiene que ser siempre una cosa formal y solemne, restringida a los que se saben palabras grandotas. También puede ser algo más cercano a lo que nos contamos todos los días, con palabrotas (que no es lo mismo que palabras grandotas) y gente que parece de verdad, como Mirta Bertotti, la protagonista.
Vayan y lean, pero si lo hacen desde el trabajo procuren no reirse muy duro, a menos que ya estén pensando en renunciar, como yo.
Por eso esta edición de mis #30libros, va dedicada a mi negri :)
Aunque no soporte las melcocherías y las caritas felices, que se lo aguante.
Bastantes cosas insoportables tiene él y de todas formas lo quiero
17.8.11
30 Libros. Día 6. Uno de un Nobel.
No es que no hubiera leído nada suyo, en mi cumpleaños número 21 me regalaron la última novela suya que se había publicado. Pero por alguna razón, yo siempre terminaba abandonando sus libros antes de llegar a la caja registradora de la librería, decidida a llevarme otros más urgentes y menos comunes.
Lo de "común" no pretende ser una ofensa, bastante que me quejo de los hipster que desprecian a los autores más populares precisamente por eso, porque es más cool decir que leemos a algún lector impronunciable que no nos nombran en la universidad y que las "masas pseudoilustradas" no conocen.
Como es tan fácil conseguir la obra de este peruano polémico en cualquier lugar del mundo, y en cualquier tipo de edición, siempre me dije que luego lo compraba, que ya le llegaría su hora. Y le llegó.
Una de las cosas más maravillosas que tiene esta ciudad a la que decidí mudarme es que hay librerías por todas partes, para todos los gustos y todos los bolsillos. Así que hace poco me metí en una de las 12mil tiendas de libros que hay sobre la calle Corrientes y cumplí mi autopromesa. Compré una copia de su obra más reconocida (?) en una edición de Clarín que, como siempre, salió BBB (buena, bonita y barata). Páginas muy blancas, tapa dura y sólo 15 pesos. ¡Una ganga!
Mi conclusión es que quien decida meterse a la selva amazónica con Vargas Llosa tiene que armarse de paciencia y poner mucha atención. Empezará a entender muchas cosas apenas a la mitad del libro. Pero no lo abandonen, por favor, no lo abandonen. Una vez encaramados en la curiara que avanza entre Piura y Santa María de Nieva (y para atrás y para adelante sin respetar presente-futuro-pasado) tiene garantizado un paseo bonito y mágico, típico del boom latinoamericano.
Quizá haya una generación (la anterior a la mía) que se aburrió de los cuentos pintorescos, llenos de selvas, llanos, indios, fantasmas y puritanos. Pero yo me siento muy cómoda navegando en esas aguas. Yo no tengo ningún problema con el realismo mágico ni con el boom, así que yo sigo leyendo a esta gente.
Para edificios, autopistas, sangre y balas, me basta con asomarme a la ventana o prender la tele.
Para mi la literatura es - en este momento- un viaje hacia lugares que no existen más, ni en la realidad ni en la imaginación de nadie, y deberían. Que me perdonen los contemporáneos.
16.8.11
30 Libros. Día 5. Uno de viajes.
Mi primera variación será la de hoy, porque no voy a recomendar un libro sino un cuento.
Yo a Julito lo quiero por muchas, muchísimas cosas, pero este cuento entra en el top 5, quizá en el top 3. Es demasiado difícil rankearle las obras maestras.
Esto es medio trampa, porque el libro de cuentos donde está originalmente contenido lo recomendaré más adelante. Debe ser porque soy bastante monotemática, o porque en realidad no he leído tantos libros como debería.
Jules Florencio arma en 10 ó 20 cuartillas un retrato impecable de las sociedades modernas, y uno casi que ni se da cuenta. Es un viaje sin tiempo ni espacio ni movimiento, por oximoron que parezca. Sólo él pudo haber contado eso.
Una tranca casi apocalíptica deja a cientos de personas atrapadas dentro de sus carros, en una de las autopistas que lleva a París, y desde el momento mismo en el que el protagonista se ve obligado a detenerse en el tráfico comienza a armarse un micro cosmos, compuesto primero por los 6 carros que le rodean, y que en un momento dado se expande hasta abarcar prácticamente a cualquier urbanización, ciudad, país o continente.
Cuando terminas el cuento comprendes un montón de cosas sobre los seres humanos. Y, de nuevo, casi sin darte cuenta.
Un viaje suspendido sigue siendo un viaje, por eso cuando pienso en una historia sobre viajes pienso en esta.
Disfrutenla! La pueden leer AQUI
15.8.11
30 Libros. Día 4. Uno que le gusta a todos menos a usted
Siempre, sin falla, alguien se siente ofendido u obligado a convencerme de que estoy equivocada y yo puedo dar rienda suelta a mis facultades argumentativas. Pueden entenderlo como una técnica a la que recurro para ejercitar mi discurso, o como una muestra de mi carácter intolerante y mi afición casual por romper las pelotas. Soy adorable, lo sé.
Pero es en serio que no me gustan los libros de Tolkien. En medio del fanatismo enloquecido que generó la primera película hice un primer intento, por demás infructuoso, de comenzar la historia de la tierra media.
Luego lo intenté una segunda vez, durantes unas vacaciones aburridísimas en las que no tenía nada más para hacer. Si llegué a la página 30 habrá sido un milagro.
Más tarde, por amor, recorrí la ciudad entera buscando una edición de El Hobbit para regalar al objeto de mi afecto, y cuando él lo hubo terminado quizo compartirlo conmigo. Repito: por amor lo intenté. No hubo manera.
No me va la fantasía épica. No me pudo la moda. Preferí una saga de ficción de culto menos culta, y más bonita (sí, hablo de Harry Potter). En fin, Tolkien me mató de aburrimiento al punto de que no puedo ver ni las películas. Al punto de que me cae medio mal Elijah Wood, por su culpa. Ahí se los dejo.
Sepan disculpar.
14.8.11
30 Libros. Día 3. Uno que sea un placer culposo.
Hay dos temas de los que hablo (en realidad, despotrico) con la propiedad que sólo admite el conocimiento amplio y documentado, la religión y Paulo Coehlo.
He leído la biblia casi entera, contra todo pronóstico, y conozco sus fundamentos a profundidad, porque la vida y mi curiosidad así lo dispusieron. Por eso cuando me toca me puedo guindar a discutir con los cristianos más fundamentalistas. Del mismo modo, antes de los 16 años me había leído casi todo lo que Coehlo publicó hasta la fecha, y por eso ahora puedo categorizar, criticar y desterrar a sus seguidores (y a él) con conocimiento de causa.
No me voy a poner aqui a dar explicaciones de un caso o del otro, tendrán que creerme.
De todo lo que leí de Coehlo, lo único que rescataría de una hoguera universal sería Brida. Aunque sea igual de cursi que el resto de sus obras, aunque sigan existiendo hombres y mujeres sin criterio que se queden con este autor como gurú y literatura de cabecera.
Con Brida aprendí a creer en "la otra parte", y con esa explicación de la búsqueda eterna del amor me quedo para siempre. Me parece que tiene la dosis necesaria de misticismo y lógica, ¿qué quieren que les diga? Hace años que les vengo diciendo que sufro de una jevitud irremediable.
"La respuesta es simple dijo Wicca, después de saborear por algún tiempo la ansiedad de la joven-. En ciertas reencarnaciones, nos dividimos. Así como los cristales y las estrellas, así como las células y las plantas, también nuestras almas se dividen.
Nuestra alma se transforma en dos, estas nuevas almas se transforman en otras dos, y así en algunas generaciones, estamos esparcidos por buena parte de la Tierra.
-¿Y sólo una de estas partes tiene la conciencia de quién es? -preguntó Brida. Guardaba muchas preguntas, pero quería hacerlas una por una; ésta le parecía la más importante.
-Hacemos parte de lo que los alquimistas llaman el Anima Mundi, el Alma del Mundo -dijo Wicca, sin responder a Brida-. En verdad, si el Anima Mundi se limitara a dividirse, estaría creciendo pero también quedándose cada vez más débil. Por eso, así como nos dividimos, también nos reencontramos. Y este reencuentro se llama Amor"
12.8.11
30 Libros. Día 2. Uno que se haya demorado mucho en leer.
Recomendamos , según la indicación correspondiente, un libro por día.
Salvo Mark Twain, que podría ser compadre de alguno de los latinomágicos, o Wilde, que me agarró en el momento justo para volarme la tapa de los sesos, yo siempre me he entendido mejor con los mios, así el español sea distinto en cada zona (que no país) de este continente y del otro.
Pero uno pasa la vida oyendo hablar de otros clásicos que HAY que leer, de otra gente que usa más haches y doblevés, y entonces uno pasa un día de largo frente a la góndola de literatura latinoamericana y se compra algo de la literatura de otros lares, como para variar.
Eso fue lo que me pasó con este señor. Antes de que todos supiéramos quien es Benjamin Button, gracias a Brad Pitt, ya muchas veces me habían nombrado El Gran Gatsby, como referencia de obra maestra, aunque nunca nadie me había nombrado este libro.
Una tarde larga, en los pasillos del aeropuerto nacional de Maiquetía, me pasee por un kiosko librería para apertrecharme ante las horas de espera que se me venían encima. Estando casi todo fuera de mi presupuesto, se me cruzó una edición de bolsillo de Hermosos y Malditos, que llamó mi atención por la foto en blanco y negro de la portada, que mostraba una imagen vintage californiana, casi como un afiche de The O.C, pero en blanco y negro y al estilo de los años 20.
El nombre del autor no me dijo nada, debo confesar, pero en la solapa me enteré que era el mismo autor de El Gran Gatsby y me decidí a leer a un gringo, de nuevo, para variar.
El argumento es en principio sencillo, es la historia de un pobre niño rico y atormentado. Bastante típico de la obra de Fitzgerald, lo sé ahora que he leído Wikipedia y que he visto Una noche en París, de Woody Allen.
El problema fue que me dejé engañar por lo feliz que se veía ese grupo de adinerados jóvenes vestidos de época en la orilla de una playa en la portada. Con sus trajes de baño hasta la rodilla y su palidez tan elegante.
Esta gente estaba atormentada, pero en serio, tal como advierte el título de la obra. En algún momento antes de montarme en el avión me aburrí terriblemente con la historia, y el libro pasó a un estado de coma en el bolsillo exterior de mi maleta que debe haber durado unos meses, hasta que me tocó viajar otra vez y lo reencotré.
No sé cuantas veces intenté empezarlo otra vez, y tampoco sé cuando fue que finalmente logré pasar de la mitad. Lo cierto es que una vez allí pude terminarlo, quizá un par de años más tarde de haberlo empezado. Pero más por una regla autoimpuesta de terminar todos los libros y películas empezados, cueste lo que cueste.
No recuerdo ni cómo termina la historia, pero sí sé que llegué hasta el final y cerré el libro con sonoridad y alivio. Finalmente había terminado con la tortura a la que yo misma me había condenado.
No hice click nunca con el pobre Francis. Debe ser porque para mi es más fácil entender las penurias de gente común en tierras calientes, llenas de dictadores y con mujeres que salen volando con las sábanas blancas que están poniendo a secar. Soy demasiado latinoamericana (?).
Las crisis existenciales de una juventud pudiente atrapada en unos países tan grises no se me da tan bién, menos si la historia de amor es trágica pero sin ser pintoresca.
Me costó un mundo el Fitzgerald. Pero sin duda, en algún momento TENDRÉ que leerme El Gran Gatsby.
