
Hace unos meses escribí esto, y no me atreví a publicar. Estaba muy nueva por acá, y me sentía muy vulnerable (en muchos sentidos)
Me reencontré este texto justo hoy. Y se me mezclaron un par de historias.
La buena noticia es que ya no me acuerdo para quién lo escribí.
Tengo unas ganas trasnochadas de estar contigo.
Pero estar contigo como sea, como te provoque… así me haga daño.
Me irrita confundirme con esta indecisión psicótica (?) que me acompaña cada cierto tiempo.
A veces quiero acampar en la puerta de tu casa. Esperar que salgas a media mañana. Mostrarte una pancarta enorme, cursi, y sin sentido. Diría: No tienes una jodida idea de lo que causas.
Otras veces me olvido que existes, o al menos me engaño para creerlo así. Me consume el trabajo, la rutina o la falta de ella.
Mis amigos –a los que amo por ser mi vínculo con lo real- llenan esos vacíos que dejan tú y mis otras fallas. ¿Eres mi falla? Sí. No. ¿Eres?
Si le hiciera caso a mis impulsos ya tendríamos una historia. Quizá una historia llena de desengaños y de incomodidades, quizá una llena de lugares comunes y diplomacia, o quizá una llena de emociones e instinto.
Pero hago como que no escucho. Simulo que no me entero de lo que grita mi conciencia –esa que me gusta imaginar como un tipo cínico que fuma, y me grita: ¡hazlo!-.
Por eso es que esto no termina de ser crónica, reseña o reportaje.
Me auto flagelo recordando, aunque esos recuerdos son también quizás. A lo mejor. Hubiera. Y si.
No eres.
Yo tampoco.
Y el de al lado, menos.