
Continuando con la saga de autores gays latinoamericanos, ahora quiero contarles acerca de la joya ibero-venezolana parida por nuestra vedette de exportación: Boris Izaguirre.
A Boris lo conozco de cuando me trasnochaba para ver Crónicas Marcianas. Por alguna razón me encantaba ese programa de “cotilleo” donde justamente se besaron este autor y el reseñado anterior. Corríjanme si me equivoco.
Lo primero que me sorprendió del libro fue su solapa. No tenía ni idea de que Boris tuviera tanta historia en el mundo de las telenovelas, ni que hubiera escrito tantos libros. Su pasado escribiendo melo-dramáticos se le nota en algunos pasajes bastante cursis de esta novela. A su protagonista sólo le faltó quedarse ciega o perder un bebé cayendo por unas escaleras.
Sin embargo, como sigo siendo una nenita, disfruté plenamente el libro a pesar de las advertencias masculinas que recibí. El dueño de la copia que leí no pudo terminarlo porque se puso “demasiado cursi”. Yo lo devoré porque caí en la famosa treta de dejar cada capítulo pendiendo de un hilo.
La historia de Ana Elisa es trágica y accidentada pero no se pone fastidiosa. Según yo. Y el trasfondo político y social en el que se desarrollan los hechos es tan interesante que cuando te empiezas a ladillar de la pobre mujer que sufre, la dejas de lado y te metes en el intrincado conflicto que envolvía a los venezolanos de mediados del siglo XX.
Dictadores, policías corruptos, persecución política y petrodólares sirven de marco a los personajes que Izaguirre nos muestra y describe. Aunque quizá se ponga muy insistente con la descripción. Provoca decirle “¡Ya!, me quedó claro que estos son malos y calculadores pero elegantes. No me lo digas más!
Impecable la fotografía de las altas esferas caraqueñas de los 40’s, 50’s y 60’s. Puedes ver como crece Caracas ante tus ojos a medida que pasas las páginas del libro. Múltiples referencias artísticas le harán simpáticos guiños a los lectores caraqueños. A mi por ejemplo me encantó leer sobre las expectativas que rodeaban a la construcción de mi amada Universidad Central, en aquella época en la que el este era aún territorio virgen de este valle congestionado.
Léanselo si les gustan los culebrones, la historia de Venezuela, el arte o la arquitectura. No defrauda en ninguna de las anteriores.