19.4.09

El regreso

Regresar luego de un viaje internacional es, tal como me habían dicho, una movida montañarusadeemociones.

Y no voy a caer aquí en los típicos clichés resentidos del venezolano moderno que le gusta ostentar sus sellos en el pasaporte y quejarse del único pedacito de tierra que les ha dado algo en la reputísima vida.

Pero no cabe ni la tercera parte de una duda de que se siente rarito escuchar en el altavoz de esos rectángulos tan pintorescos que pueden ser las cabinas de los aviones una voz de acentos mezclados que anuncia:

Buenas noches señores pasajeros, bienvenidos al aeropuerto internacional de Maiquetía.

Para mi fue, entre otras cosas, la confirmación del final de mis vacaciones, la certeza dolorosa de haber dejado los brazos a 5000 kms de distancia, y el alivio de saberme a salvo. A pesar de la paradoja que representa ese alivio cuando estás aterrizando en una de las ciudades más violentas del mundo.

Mi viaje de regreso fue - en perfecto venezolano- una soberana MIERDA.

La emoción de las vacaciones, la novatada y el aguevoniamiento hicieron de las suyas, y mi sis y yo perdimos nuestro vuelo la madrugada del 11 de abril. La sensación que te golpea en el estómago cuando un flaco con mala cara te anuncia que perdiste el avión no se la deseo a NADIE, jamás.

Luego del terror, la pérdida del habla, la arrechera contigo misma, y el estrés que te duerme un brazo (literalmente), lo único que queda es resolver. Bueno, esperar dos horas a que abran las oficinas de la aerolínea y tratar de resolver.

Además, cuando estás viajando en el fin de semana de Pascua (justo en temporada alta) las esperanzas de entrar en una lista de espera se ven MUY reducidas. Eso sin contar que ya no teníamos casi dinero y debíamos pagar 100$ de multa, y que nuestro vuelo tenía conexión en Lima y allí las probabilidades de encontrar un puesto vacío eran menores que las de Paul Gillman para ganar las últimas elecciones en Valencia.

Decidimos regresar a la ciudad a dormir lo que no habíamos dormido en 24 horas (porque pegamos la fiesta de la última noche con la salida al aeropuerto) y cruzar los dedos para poder montarnos en algún avión que nos acercara a este valle de desadaptados. Lo bueno: tuve seis horas más al lado de mimarido. Estresada y cagada en las patas, pero a su lado.

Regresamos a Ezeiza con todas las esperanzas en la misma maleta, y luego de esperar dos horas más, nuestro nuevo mejor amigo - Charlie, de TACA Argentina- nos confirmó que podíamos subir al armatoste ese que nos llevaría a Lima.
La ñapa: mi tarjeta estaba bloqueada desde hacía cuatro días y mi sis ya había consumido su cupo (GRACIAS CADIVI, hijosdemilputas).
La prueba de que hay algo mayor que nosotros allá arriba y nos ama: mi tarjeta pasó, inexplicablemente, y pudimos pagar la multa de los boletos.

Ahora bien, llegar a Lima era el primer paso. Una vez allí debíamos ofrecer nuestros cuerpos a algún trabajor de TACA en Perú para que nos dejara llegar a Caracas, porque los siguientes dos vuelos estaban sobrevendidos y nuestra única reserva salía a las 9pm del domingo 12. Es decir, 24 horas después de aterrizar en tierra inca.

Las perspectivas eran:
1.- Llegar y rogar porque dos turistas aguevoniadas como nosotras hubieran perdido su vuelo y nos dejaran tomar la conexión inmediata.
2.- Llegar y aventurarnos a salir en Lima a buscar donde pasar la noche, sin reservaciones ni investigación y con el pánico de encontrarnos a Wendy Sulca en cualquier esquina o ser comidas por una llama o violadas por algún primo del Delfín que le canta a las torres gemelas.
3.- Llegar y pasar 20 horas encerradas en un aeropuerto.

¿Adivinen qué? RESULTÓ LA PRIMERA OPCIÓN
(segunda prueba de que hay algo mayor que nosotros allá arriba y nos ama) (y yo tan agnóstica)

En pleno vuelo a Lima una simpática caraqueña se desmayó, y la parafernalia de los parámedicos y los chequeos de salud necesarios para que ella pudiera tomar la conexión a Maiquetía nos dieron tiempo a nosotras de correr por el aeropuerto como desesperadas hasta inmigración (donde nos recibiría un simpático viejo verde peruano que nos dió 10 días de permanencia en Lima cuando nosotras sólo anhelábamos poder salir de ahí en menos de una hora), buscar las maletas (que salieron casi de primeras porque nos montamos de últimas), correr un poco más al counter de TACA, ponerle nuestra mejor cara de perrito sin dueño al chico que nos atendió, y escuchar las hermosas palabras de confirmación: Sí, tenemos disponibilidad en la conexión que sale en 40 minutos.

TRIPLE YEEEEEEEEEEEEEEEEEEIIIIII!!!
No nos va a secuestrar la tigresa del oriente! No vamos a conocer a Wendy!

NADIE sabe la felicidad que sentimos. NADIE.

Tomamos nuestros boarding passes, dimos media vuelta para pasar por SEXTA vez en 9 días por inmigración, y sonreímos con ganas a los simpáticos miembros de la tripulación que nos dirigieron a nuestros acogedores asientos.

Luego de eso no supe nada más. Caí en coma durante las casi cuatro horas del vuelo, hasta que me despertó la mencionada voz que anunciaba nuestra llegada a esta patria grande y bonita que vio nacer a Bolívar.

El broche de oro: la confirmación de mis prejuicios hacia la cuerda de desaptados y vivoscriollos con los que me tocó compartir la nacionalidad.

Luego de visitar tres aeropuertos, el de la Guaira fue el ÚNICO dónde:

1.-La gente se levantó de sus asientos y empezó a sacar maletas antes de tiempo.
2.-Inmigración tenía a una sola persona trabajando para recibir a más de 100 pasajeros.
3.-La cola para entrar duró más de 40 minutos, se desorganizó dos veces, la gente se gritaba de un extremo a otro.
4.-Anunciaron una correa de salida de las maletas y salieron por otra.

Como para terminar de confirmar que ya estábamos en casa, mi sis y yo nos miramos a la cara y supimos que a pesar de que ya habíamos llegado, no estaríamos pronto en nuestros hogares.
El pánico nos hizo atrincherarnos en las sillas del KFC del primer piso, hasta que saliera el sol. Por la seguridad de quienes nos venían a buscar y la nuestra.
Y no es paranoia, las últimas dos veces que mi amiga salió del aeropuerto de madrugada fue asaltada a mano armada por motorizados, a los dos segundos de asomar la nariz más allá de las puertas atomáticas.

Así que no fue sino hasta cuatro horas más tarde que pude respirar el aire pesado, marino y pegostoso de mi mar caribe. Y confirmar que sí, que ya estaba de vuelta en este país.

Tu país.

Mi país.



7 comentarios:

César dijo...

Y saliste caballo blanco.

Me ha tocado hora y media en aduana. 3 funcionarios para 10 vuelos internacionales que llegan al mismo tiempo es una experiencia religiosa jejjeje

Será que me lanzo a Buenos Aires a ver que es lo que tiene que todos se vuelven locos?

Saludos

el whittie dijo...

JAJAJAJA coño negra, no me habias contado el resto de los percances... lo único que debo corregirte es que SI tenias donde llegar a Lima porque YO TE RESERVE EL HOSTAL ONLINE DESDE AQUÍ...

Ahora bien, el sólo hecho de pensar que pudieras toparte con Wendy o que te violara el primo de Delfín es, sencillamente, aterrador... gracias a dios salieron vivas!

Vuelvan prontoooo!!!

Litro dijo...

Lima es una ciudad muy de pinga... cuidado con lo que dices

La Perfecta dijo...

Adoradísimo, estimadísmo (y demás ísimos) Litro:

Mi intención al relatar mi experiencia en Lima (que no llegó si quiera a ser tal) nunca fue despectiva.

Releo mi texto y caigo en cuenta de que puede interpretarse de esa forma, así que me toca excusarme.

Yo no digo que Lima sea un mal lugar ni mucho menos, digo que no tenia ni idea de qué hacer al llegar, ni plata, ni ánimos para el momento en que me enfrenté a la idea de pasar un día allí.

Así que la idea de salir a una ciudad desconocida en medio de la noche y en esas condiciones no me atraía.

No dudo que sea de pinga, por eso quiero PLANIFICAR ir para allá.. no caer en el limbo sin saber si me quedo por un dia o 3.

Por otra parte, lo de Wendy Sulka y demás referencias pop-youtube a la cultura peruana fueron chistes gratuitos que me parecieron válidos para ponerle picante al relato.

Tú sabes que yo soy así... me la doy de graciosita :P

Espero no haber ofendido a ningún peruano ni a ti que te encantó su capital.

Besos varios!

La Sis dijo...

Marik, marik, marik....
Qué manera tan 'perfecta' de rememorar ese fatídico día...aunque, ahora me acuerdo y hasta risa me da. Es que definitivamente somos "dos turistas aguevoneadas".
Lo único verdaderamente cierto en este asunto: todo hubiese sido diez mil veces peor si no estaba contigo.
Te quiero!!!

Nina dijo...

Perfect, querida, puede que el milagro de tu tarjeta de crédito haya sido "justicia divina con la venezolanidad", o algo por el estilo, porque mi tarjeta debe estar todavía dentro del cajeroautomáticohijodeputa de Buenos Aires que se la tragó el día antes de venirme. ¡De vaina tuve que vender los libros nuevos para llegar a Ezeiza!
El escándalo en la agencia del Banco Francés, con lágrimas incorporadas, seguramente lo recordaré cada vez que use la tarjeta !Si es que algún día Banesco me entrega un plástico nuevo!

Claro que el aterrizaje es más forzoso de lo que uno cree.

Saludísimos!

Rick dijo...

hahaha se lo que se vive con los $100 de multa y una tarjeta inactiva! es un enema evacuador! excelente post