27.3.08

Volver al pasado (sin el DeLorean)

Mi infancia y mi adolescencia fueron tranquilas. Nada extraordinario (excepto mis calificaciones, saben que no sufro de modestia), pero a pesar de ser una estudiante ejemplar, no era tan galla - o nerd- como pudieran pensar.

Fui popular a mi manera, lo de las Relaciones Públicas lo traía desde siempre, sin estar muy conciente de ello, así que organicé cuanta actividad pro graduación se pudo, además de todos los detalles logísticos del viaje de graduación a (¿donde más?) Margarita.
Porque sí, en el interior del país los granduandos deciden viajar a la Perla del Caribe, y no a Punta Cana como hacen los snobs capitalinos.


Como venía diciendo, fui popular a mi manera. ¿Esto qué quiere decir? que era amiga de todos, y mi cumpleaños fue durante los tres últimos años del bachillerato el evento social más esperado, porque en mi casa era el único sitio donde convivían en paz todas las "tribus" que suelen odiarse y despedazarse en los otros hábitats de la adolescencia.

Las populares, las "vampis" o "darks", los gallos a los que no dejaban salir -sino a mi fiesta y hasta las 11-, los malotes (o wannabe), los bonitos tranquilos, los feos desubicados, los ricos, los pobres, y el resto de la fauna estándar dentro de los que me incluía yo. Todos bebíamos guarapita y comíamos tequeños en mi espacioso apartamento, que tenía amplia sala y terraza, y padres muy panas y alcahuetes.


Pero solo a eso se limitaba mi popularidad, conocía a todos mis iguales y todos me querían. A excepción de la única desubicada, enferma, y psicópata con la que nunca me llevé bien: Katy Mora. A la que le deseo una vida feliz con los cinco carajitos, el Fiat 1, el doberman y el marido mediocre que debe tener ahora.

Fuera de las paredes de la sección B del año en curso, no era nadie. No conocía a nadie, es decir, no trataba a nadie porque de conocer, todo el mundo conoce la vida, obra y milagros de los demás allá en el Macondo en el que crecí. Y este hecho que limitaba mi círculo social a 37 personas nunca me importó, hasta que aparecieron ellos.

Ellos, fueron todos los chicos lindos que me gustaron en el colegio, y que estuvieron totalmente fuera de mi alcance por mi timidez, mi inseguridad, y la falta de una nariz hermosa que solo fue compensada algunos años más tarde (saludos al Dr. Cohen, btw).


El primero de muchos (cuatro para ser exactos) fue una belleza de niño, con cara de bebé, cabello negrísimo, piel blanquísima y una boca rojísima que hacían un conjunto per-fec-to que me hacía babear todos los recreos de mi vida hasta que se graduó, cuando yo estaba en el 8vo grado. Porque esa era otra, me gustaban los grandes, los que NUNCA me iban a notar porque sus compañeras ya tenían tetas y fumaban, y yo no tenía ni personalidad.

A este chamo lo recordé siempre como mi primer amor platónico, tan platónico que hasta el día de hoy no sabe ni como me llamo, pero lo recuerdo con ternura porque llené casi todas las hojas de mis cuadernos con corazones flechados que decían D y E. Así mismo, pavosa y ridícula, pero feliz.

Mis suspiros, y los del resto del estudiantado femenino que sentía lo mismo que yo, eran el efecto de sonido que acompañaba su paso cada vez que atravesaba el patio del colegio, agarrándose el pelo -largo y liso- con un gesto que tengo grabado en la mente hasta hoy.


Han pasado 9 años desde esta historia. Nueve años en los que creí haber crecido, madurado, cambiado. Ilusa que soy.


Hace dos días te vi, Diego Paredes.


Y en ese segundo que te paraste frente a mi, para no tropezarme en el centro comercial, viajé a la velocidad de la luz a mis 13 años, con la camisa azul, la cadenita colgada al cuello con un anillo de lata de refresco como dije, y mi nariz vieja. Se me cortó el habla, dejé de respirar por un segundo, y te vi a los ojos (¡azulísimos! ¡cómo se me va a olvidar ese detalle!) sin parpadear por un instante que me pareció eterno, en cámara lenta.


Todo esto para comprobar que en alguna parte de mi, de esta mujer hecha y derecha, toda una profesional, talentosa, linda, divertida, segura de sí misma, bien vestida, sin acné y con una nueva nariz... sigo siendo una niña introvertida que se enamora de imposibles.


Increíble como algunas personas son parte importante de la vida de otros, y ni cuenta se dan.

Saludos a Diego. Que sigue tan bello como antes! ;)

11 comentarios:

PebbLes dijo...

te odio porque lo vistes! (excelente y más el post)

Cashito dijo...

Excelente... Excelente ... EX CE LEN TE Post, no tengo idea de quien es ese carajo ... pero tu nivel de escritura en este post fue genial. Me senti leyendo una gran historia de una gran escritora.

Rubia dijo...

Nerra, lo único que te faltó mencionar es que estabas conmigo ese día!!! jejeje... Y sí: Muy buen trabajo que hizo el Dr. Cohen!

Beatriz E Moreno dijo...

Muy buena la historia. Comparto demasiado lo de que hay gente que no tiene ni idea lo importante que son para otras personas! jajajaja Then again! todos tenemos a uno o dos...

elchamodel114 dijo...

jejejejejeje! Qué pendeja! Tenías que decirle algo!!

Tenía tiempo sin entrar. Mala mía. Disfruté mucho el texto. Bastante.

Me hiciste recordar una canción de Silvio Rodríguez. Se llama Óleo de mujer con sombrero. En alguna parte dice:

"Los amores cobardes no llegan a amores,
ni a historias, se quedan allí.
Ni el recuerdo los puede salvar..."


Nos vemos pronto!
Te mando un beso!

Briks dijo...

Tengo una mala noticia...

x estos lados se comenta que Katy Mora esta en pareja con Diego Paredes.....

Mene dijo...

Muy bueno!! ni idea que te gustaba Diego!! jeje

elRober dijo...

Su post fue como mirar una peli romántica, de sábado a la tarde en HBO.

Yo me siento así todos los días, creo que uno REALMENTE madura cuando se da cuenta que no es una persona madura.

Beso!

V|cKyL@nd dijo...

Jaja tenía tiempo sin leer algo tan bueno!!!.... efectivamente, hay gente que pasa y pasa y pasa y vuelve a pasar y no se dan cuenta de que uno se muere, se muere , se muere y se vuelve a morir por ellos...

completando un comentario anterior "Que me tenga cuidado el amor que le puedo cantar su canción"

Mckey dijo...

ok si tu psicologo oyera este cuento te diria: Deja el rencor y deshinibete hacia las personas", pero como no soy tu psicologo solo me puedo reir de la forma en que revientas ala tal Katy y te sigues babeando por el tan Diego.
Por cierto tengo un amigo que estudio en Caracas y se llama Diego y esta casado casualmente con una Katy.... creepy, buen blog, saludos desde el efecto.

Mckey dijo...

En esta estopa de los blogs pude llegar al tuyo, creo que llegue por Nina si, pero igual sigo navegando a ver que lectura me entretiene, saludos