22.9.08

Piropos. O de cómo ser peatona y no matar a alguien en el intento


El tema de los piropos en esta ciudad da como para una tesis doctoral. De hecho ya he leído un par de cosas por ahí de otras caraqueñas que, como yo, deben cruzar a diario esta ciudad como peatones, y eso nos expone inevitablemente a la prosa de nuestros vecinos.

Cuando iba a la universidad, lo hacía caminando por una de las zonas más concurridas de Caracas: Plaza Venezuela. Vivo a unas 5 cuadras de la que fue mi escuela, y no tenía ningún sentido usar otro medio de transporte que no fueran mis piernas.

Así aprendí -de la mala manera- que es necesario montarse unas gríngolas invisibles pero efectivas, y cerrar los párpados de los oídos (que tampoco existen pero una vez lo leí y me pareció lindo) al cruzar el umbral de nuestras casas.

Todo para evitar a cualquier costo estos encuentros cercanos del tercer tipo, pocas veces agradables, y casi siempre MUY desagradables. Y cuando hablo de encuentros cercanos es literal, porque hay mucho abusador que no contento con emitir un improperio siente la necesidad de invadir también el espacio físico de la homenajeada, avalanzándose sobre ella al mismo tiempo que recita su ocurrencia.

No ayudaba tampoco, el hecho de que en la época en la que empecé a moverme sola en esta ciudad tenía 16 años y 5 kilos menos, y además estaba de moda usar pantalones a la cadera (casi al vientre) y camisas muy cortas. Como extra bonus debo acotar que amo las minifaldas.

Obvio que yo nunca consideré ni por un instante cambiar mi manera de vestir porque un par de babosos justifiquen sus acciones con el argumento absurdo de "si sale así es que quiere que le digan vainas". No, señor obtuso, si sale así es porque le provoca, porque se siente cómoda con su cuerpo y su feminidad, le gusta sentirse bonita, y miles de etcéteras. Si usted decide soltarle alguna ordinariez tan sólo porque lleva minifalda, el salvaje es usted. Bestia.

¿Le pareció que era linda la muchacha en minifalda? Contémplela, o en todo caso sonríale o deséele un buen día con galantería. Ella le agradecerá en silencio que haya notado su belleza. Pero si en cambio se relame con morbo, y le suelta "ojalá fueras mango, mamacita", no se sorprenda si lo atraviesan con mirada fulminante y le recuerdan a su progenitora. Por bruto.

La generosidad del venezolano no tiene límites, así que un piropo no garantiza la belleza de la receptora. Aquí no hay distinción, si es gordita pero forrada y con generoso escote, le dirán algo; si es flaquita, también; negra, morena, blanca, rubia, castaña, alta, baja, todas. No hay distinción. Y lo de la vestimenta tampoco es determinante, puede ir de vestido, pantalón, falda o saco de papas, siempre habrá alguien que le sisee o le susurre un "mami" al pasar.

Ya estamos tan acostumbradas a ellos que el día que sales y nadie te dice nada, piensas: tengo que estar horrible. Lo peor que le puede pasar a una mujer entaconada es pasar frente a una construcción o una caseta de vigilancia y que los miembros del sexo opuesto no la determinen. Es casi un insulto.

A mi me pasó que desde que me muevo en otras zonas de la ciudad, luego de haber trabajado en Sabana Grande por casi tres años, disminuyeron significativamente los halagos de los que solía ser objeto. También puede ser que en total camino dos cuadras como máximo, de resto voy en transporte público, y la zona está casi siempre desolada de peatones. Es bien sabido que algunos municipios de este valle son para carros, nunca para el ciudadano de a pie. Linda pero desgastada expresión.

¿Perdí el encanto? No lo sé. Pero lo cierto es que no había notado la ausencia de las increpaciones de calle (buen concepto, eh?) hasta que empecé a recibirlas de nuevo. Últimamente me piropean bastante. Asumo que es este calor infernal que nos obliga a salir en camiseta y falditas de algodón.

Hoy venía pensando eso, y recordé el mejor piropo que me han dicho en la vida. Sucedió una vez que venía entrando a la universidad. Ya había entrado al campus y un muchacho venía caminando hacia mi. Especifico para mis compañeros de la Casa que Vence las Sombras: fue en ese pasillo entre las canchas de tenis que quedan entrando por el arco de Plaza Venezuela , en la ruta hacia mi adorada escuela de Comunicación Social.

El chico en cuestión era lindo, venía sonriendo y su sonrisa me contagió, así que cuando pasó frente a mi se detuvo un momento viéndome a la cara y me dijo: Gracias por alegrarme la mañana, linda. Y siguió. Así, sin más. ¿Cursi? ¿Cliché? ¿Inusual? Todas las anteriores. Pero fue tan adorable que la sonrisa me duró un rato en la cara, y hasta hoy lo recuerdo con ternura.

Puedo recordar también el día que comprobé que el cuento de las feromonas es cierto. Ahorita no tengo la paciencia para googlearlo, pero la teoría es -parafraseando- que los humanos segregamos ciertas hormonas que atraen al sexo opuesto, y en el caso de las mujeres éstas se activan más en un punto del ciclo menstrual (creo que durante la ovulación), y también durante la actividad sexual. La conclusión es que mientras más sexo tengas, mas sexo atraerás.

Regresemos a mi historia, justo después de un fin de semana de intensa actividad sexual salí a la calle como la peor de las indigentes, sin maquillaje, despeinada (o muy poco peinada pues) y en fachas. Digamos que estaba muy cansada para arreglarme (juju). Lo que sucedió a mi alrededor parecía sacado de una película de realismo mágico. Lo juro por mi vida. Que caiga un rayo y me parta en dos si estoy mintiendo. Estamos claros sobre mi egocentrismo, pero también sabemos que me gusta decir la verdad en esta bitácora.

Los hombres se volteaban a verme, y un conductor hasta tocó la corneta en lo que creo significaba un piropo automotor (cosa bastante común en la Avenida Libertador pero poco común frente al McDonalds de la Castellana). Otro salió del mostrador desde el que debía estar despachando arepas (en El Naturista), y caminó unos diez pasos a mi lado diciéndome no se que cosas sobre mi boca. Y finalmente, un español (?) parado frente al León (¿por ahí está la embajada de España?) interrumpió su conversación con otro tipo, para verme pasar frente a ellos. Ni Penélope Cruz pues. Uno conoce sus atributos, pero creo que es obvio que eso no me pasa todos los días.

Conclusión: la Cosmopolitan a veces no miente. Es cierto lo de las feromonas.

Para cerrar, los dejo con el piropo -si se puede llamar así- más reciente que me han dicho. El peor y más ofensivo de todos los que he recibido en estos 22 años (casi 23). Caminaba el sábado por La Candelaria, camino a casa de mi rubia, y un tipejo con pinta de motorizado no tuvo mejor ocurrencia que decirme:

"Mami, tas' bien rica. Sólo te hace falta la cirugía"

Una palabra: sumadre

9 comentarios:

Mene dijo...

Te creo!! porque hasta leyendote recibi el encanto de tus feromonas!

victor_marin dijo...

Jajaja excelente post perfecta!! En efecto, ya han hecho varias tesis sobre los piropos. Como todos los buenos temas: inagotable.

abrazo

hijo dijo...

coño, a la chica le sirven las gríngolas... pero cuando una mujel viene y te dice "tas pa sacate crías, amol" la vaina te jode mucho.... imposible no poner cara de disfunsión erectil o de haber sido descubierto por un pana en selemar. igual no todo es malo, uno muy "simpático" es el de "tu papá debe ser terrorista porque eres una bomba, mi vida" (mientras se peina el bigote con la mano).

bonito post, no por lo de los piropos, sino porque me alegra en demasía que esté tirando bien, rico y suficiente. enhorabuena!

EL MÍO: negra, estás bonita hoy... ni pareces tú XD

beso

Jefferson dijo...

Muy acertado y oportuno. Dejando más tela que cortar, acerca de este interesante tema.

Jefferson.

*Mari dijo...

El piropo más raro que me han dicho es: "Mami (siempre debe empezar así) ojalá yo fuera hombre pa' poder estar contigo" WTF?

Anónimo dijo...

Increíble post my Nigga!!!

P.S: buen comentario el de Selemar también mi pana.

Redhead dijo...

El peor que me han dicho a mí fácilmente iguala la "sumadrada" que te dijeron, pero por el asco que generó. Fue en los predios de El Nacional (en la sede vieja) y junto con la invasión de mi espacio personal, me soltaron una perla, goes like this: "Mami, esos cocos tienen agua?". Marcó mi vida.
Hasta hoy imagino qué puede pasar por la cabeza de ese cristiano cuando dice cosas como esa; lo digo así porque seguro se trata de un modus operandi y no de un evento aislado. Será un placer pervertido por mirar las reacciones airadas y avergonzadas de los sujetos de su imprecación? O será pura y simple estupidez? Alguien arriesga alguna otra teoría?
BTW (Stella, aunque el mensaje a continuación va para la Negra, el mayamerismo previo fue para ti): usted, mi nena, es Perfecta como es. Está rica que digamos, así que ninguna operación me le hace falta!
(L) u!

Anita dijo...

Jejeje, he reído con este post, soy testigo de los piropos que te dan... ¿dónde me dejas el que te dijeron delante de nosotras? "Caminas como una yegua de paso"
En fin, coincido contigo, si hay un insulto para una mujer es pasar por una constructora y que no te digan nada, jejeje, nos quejamos si nos dicen, pero también nos angustia si se quedan callados... sobre todo si ese día te levantaste con ganas de verte bella. Aunque yo he aprendido que si las mujeres te miran de arriba a abajo y con cara de medio arrechera es que ese día estas BELLÍSIMA!!! Yo procuro decirle a la chicas (mis amigas) cuando están bellas, eso se agradece, jejeje últimamente me cuesta porque vivo rodeada de amigas muy bellas =P.

papah dijo...

no vale pero ustedes han tenido mucha suerte! tengo amigas que le han dicho cosas peores: "mami, estás como café con leche, pa echarte el chorrito 'e leche" ó "mira ven acá, déjame llenarte la barriguita de gente" o el mejor "epale!!! mamiiiii vamos a juntar los meones!"

Un milagro sería ver una mujer venezolana decente y bonita echando un piropo...a muy pocos especímenes masculinos les han echado alguno en la calle, y me imagino que ganas no han faltado. Tranquilas, no serán putas ni regaladas si lo hacen...